Fernando Jáuregui

El mundo se mueve, pero sin nosotros

El mundo ha comenzado a moverse a gran velocidad, como desperezándose del mortífero letargo de la pandemia, De pronto, el G-7 inicia un proceso de grandes mudanzas, Biden se encuentra con un Putin al que llamó, no hace mucho, ‘asesino’, y Europa, aunque con un goteo lento, inaugura el proceso de transferencia de fondos de recuperación de la economía de sus socios.Son todas buenas noticias potencialmente para España, si es que sabemos aprovechar la distensión propiciada por ese Biden al que por estos pagos, que no han superado todavía el ‘bienvenido mister Marshall’, seguimos viendo como ese señor que apenas se prestó a caminar 26 pasos junto a Pedro Sánchez por un pasillo.Inequívocamente se tiene la sensación de que este giro planetario nos pilla como desprevenidos, pendientes de si el president de la Generalitat cena o no -que no_con el Rey, o si el Junqueras indultado participará o no en una mesa de negociación entre el Gobierno central y el Govern independentista -que yo creo que sí--.No es lo peor que España esté ausente del G-7, el grupo de los siete países más influyentes de la Tierra, o que no se nos invite a algunas reuniones multilaterales importantes; lo peor es que tampoco se nos espera.

Un apoyo (crítico, claro está) a Pedro Sánchez

Sánchez tiene mucho de criticable y el nuestro es un país con serios problemas democráticos y de imagen exterior, y algo, bastante, de culpa tiene en ello el jefe del Ejecutivo español y secretario general del PSOE. Pero, al margen de las absurdas explicaciones que La Moncloa ofreció sobre el brevísimo encuentro con el hombre más poderoso de la Tierra, deberíamos lamentar el desdén con el que la Administración Biden trata a quien, como Sánchez, es el representante de una nación aliada e importante como España.

De Colón a Alcorcón, pasando por Sevilla (1)

Y eso, claro, va a tener consecuencias en la larga marcha del socialismo hacia ¿dónde?En días sucesivos iremos viendo los casos del PP y de Vox, tan indisociablemente unidos y desunidos, y el de Podemos, que también está ligado a los juegos de tronos en el PSOE. Porque lo que se está dando es una auténtica recolocación de las fuerzas partidarias en España, tan desprestigiadas y desacreditadas que ellas mismas han comprendido que han de empezar casi desde cero para recuperar algo de la credibilidad perdida.

(Casi) todos los frentes que Sánchez tiene abiertos

Tanto Aragonès como Sánchez, a través de peones interpuestos, van perfilando las cuestiones a tratar, con los indultos a los presos del ‘procés’, se supone, como primer y muy delicado tema a tratar previo incluso a la constitución de esa Mesa negociadora en la que se abordará nada menos que el futuro de las relaciones entre Cataluña y (el resto de) España.Como ciudadano español, espero que se entiendan.

El ‘casadazo’

Cuando este martes se cumplen tres años de aquella moción de censura que dio con los huesos de Sánchez en La Moncloa, el presidente del Partido Popular es sin duda consciente de que, en este tiempo, han desaparecido del mapa político su antecesor Mariano Rajoy; el jefe de Ciudadanos, Albert Rivera, y hasta el de Podemos, Pablo Iglesias.

¿Indultos inevitables?

El mejor éxito para el independentismo irredento sin remedio sería que, a cuenta de los indultos, se abriese una nueva fractura y se acelerase el camino hacia ese barranco por el que Redondo nos dijo que estaba dispuesto a tirarse.Alguien debería reflexionar sobre la necesidad de cambiar el rumbo de las cosas y, en lugar de utilizar el tema de los indultos para dar cada vez más cancha a Esquerra, el aliado tácito y poco deseable, aprovechar para lanzar un mensaje a los catalanes y al resto de los españoles: España unida tiende una mano hacia la conllevanza orteguiana con la autonomía catalana.Es preciso mostrar que España, con su Gobierno central y su principal oposición a la cabeza, está dispuesta a emprender reformas que, sin duda, acortarían la estancia de los presos en la cárcel pero que también serviría como advertencia contra nuevos anhelos golpistas.

Pedro Sánchez piensa ya en 2050

Que sospecho que será antes de esos novecientos días con novecientas noches que nos ha fijado el señor Sánchez como su primer horizonte de permanencia en el Gobierno hasta la convocatoria de unas elecciones generales. No está mal pensar en 2030, ni en 2050, si se utilizan los instrumentos de medición de la realidad necesarios y si la cabeza no se nos llena de pájaros.