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Por qué Castilla y León es distinta de Noruega, por ejemplo

Ha sido un avispado comentarista, Ignacio Varela, quien se ha dado cuenta de que de las siete democracias más perfectas del mundo, al menos según el criterio de ‘The Economist’, seis están o, como es el caso de Noruega, han estado hasta hace unos meses, gobernadas por mujeres. Esa podría ser acaso una de las diferencias entre Noruega o Nueva Zelanda con Castilla y León: si usted tuvo la paciencia de ver la otra noche el último debate entre los candidatos a hacerse con la presidencia de la Junta castellano-leonesa, repararía sin duda en que los tres eran hombres. Y los restantes candidatos, que por uno de esos absurdos preceptos legales no estuvieron en el debate, también son varones. Total ausencia de candidatas. ¿Significativo o mera casualidad?

Conste que ni considero que la publicación británica sea el gran oráculo al que consultar acerca de si nuestra democracia es mejor o peor que la de Suecia ni tengo por qué entrar a considerar si la alemana señora Merkel, por ser señora, es mejor demócrata que su sucesor, el señor Scholz. Así que conste que no creo que por tener a Sánchez, apodado ‘el guapo’, como principal inquilino de La Moncloa la España actual sea peor democracia que Islandia, donde gobierna una dama de apellido tan impronunciable como Jakobsdóttir. O que Finlandia supere a nuestro país porque allí gobierne Sanna Marin. O que González fuese menos demócrata que la primera ministra noruega. A ver quién se pone a bailar aquí, y encima siendo periodista, con quien yo me sé.

No: España es, obviamente, peor democracia por un montón de razones que no voy a entrar a enumerar aquí por cuestiones de espacio y que van mucho más allá de la no renovación del gobierno de los jueces, que es lo que nos achacan los del ‘Economist’ para rebajarnos en el ‘ranking’ a un nivel inmediatamente por debajo de Francia y por encima de nuestro admirado Portugal y de nuestros hermanos italianos. Que tampoco es para tanto, ni para andar gritando por ahí que hemos entrado en la categoría de ‘democracia defectuosa’, como hacen algunos, encantados del ‘palo’ que piensan que se llevan los gobernantes españoles a cuenta de que los del semanario británico nos hayan bajado un par de puestos en su lista. Dudo mucho, la verdad, de que los cimientos monclovitas que enjabelga Félix Bolaños se hayan conmovido por la relativamente mala evaluación en el ‘democracy index’ de la publicación londinense.

Lo que yo digo, y vuelvo a Castilla y León, es que algo tendrá que ver el hecho de que todos sean varones para que haya predominado en la finalizada campaña ese tono tan testicular que caracteriza a la política española, de ordeno y mando, de aquí se hace por narices lo que a mí me sale de ahí, etcétera. Que, claro, los del ‘Economist’, como andan tan ocupados comprobando la marca de las cervezas que bebe don Boris, otro que tiene un par, no se han dado cuenta, a la hora de evaluarnos, de lo machotes que somos cuando nos toca gobernar y/o hacer oposición. Menos mal. Tampoco se han dado cuenta, laus Deo, de que hay un señor, que no estaba en el famoso debate, que puede ser decisivo a la hora, difícil se prevé, de formar el gobierno autonómico de Castilla y León. Si ciertos indicios se confirman y ese señor, un caballero -y caballista-- con toda la barba, se convierte en, pongamos, el vicepresidente de la Junta, puede que el año próximo descendamos un poco más en el ‘hit parade’ de la democracia que con tanto éxito manejan los dicen que expertos del prestigioso semanario, propiedad de los Rothtschild y los Agnelli, por cierto

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