X... y taquígrafos

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durante casi 19 años, en periodos diferentes, fue presidente del Gobierno de España don Antonio Maura, quien, en determinada ocasión, expresó que él, para gobernar, “sólo necesito luz y taquígrafos”.

Hay que aclarar que esa afirmación se produjo a principios del siglo XX (siglo Veinte) para que lo puedan entender las nuevas generaciones a las que la señora Celáa quiere aliviar del conocimiento de los números romanos. En aquél lejano periodo de tiempo, casi un siglo (o sea, cien años, para que lo puedan comprender los futuros escolares beneficiados por la señora Celáa) la luz no estaba tan cara como ahora, donde exclamar “¡Luz y taquígrafos!” supone un sobresalto en el bolsillo de todos los españoles.

Y, menos mal, que están en el Gobierno los compasivos ministros de Podemos, que alcanzaron grandes sumas de votos con el atractivo reclamo de que iban a luchar para bajar el precio de la luz. Una vez formado el nuevo Gobierno, con más ministros que nunca, para dar acomodo a la cuota de los caritativos miembros de Podemos, el recibo de la luz ha subido como no lo había hecho nunca en lustros precedentes (lustro: cinco años para que los puedan entender los futuros analfabetos de la de Ley Celáa) lo que ha impelido a que los de Podemos puedan indignarse, no en el Gobierno, sino en la calle, donde protestarán contra las medidas del Gobierno del que forman parte.

Se abre un nuevo periodo, donde la esposa que se quiera divorciar podrá manifestarse con pancartas, delante del domicilio conyugal, y, a la vez, negarse al divorcio, o donde el consejero-delegado de una gran empresa, podrá manifestarse en la calle contra el presidente del Consejo de Administración y, a continuación, pasar a formar parte del Consejo como consejero-delegado y cobrar las correspondientes y sustanciosas dietas.

Intuyo a algún obispo manifestarse en contra del Papa, que lo ha nombrado, delante de la diócesis de la que es titular y, a continuación, incorporarse a su despacho. Vienen nuevos tiempos, que prosperarán, si nadie se opone al sorprendente incremento de gilipollas por kilómetro cuadrado.

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