Al Asad jura su cargo como presidente de Siria por cuarta vez

Mural con el retrato de Al Assad en Damasco/EFE/EPA/YOUSSEF BADAWI
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El presidente sirio, Bachar al Asad, tomó hoy posesión de su cargo en una ceremonia en el Palacio Presidencial e inicia su cuarta legislatura consecutiva de siete años tras arrasar en las polémicas elecciones del 26 de mayo.


"En base a los artículos 7 y 90 de la Constitución de la República Árabe Siria (...) Tengo el honor de invitar al presidente Bachar al Asad a prestar su juramento constitucional", anunció el presidente del Parlamento, Hamuda al Sabag desde el palacio ubicado en Damasco.


Al Asad fue recibido con honores militares y protagonizó un ceremonioso paseo a través de orquestas y armas en alto hasta la sala donde le esperaban centenares de miembros de su Gobierno, parlamentarios, representantes de la sociedad civil y altos mandos castrenses.


Como parte del acto, el presidente dará un discurso en el que está previsto que revele los puntos clave de la hoja de ruta que seguirá su Ejecutivo durante los próximos siete años, en momentos en que el país sufre una grave crisis económica y las fuerzas gubernamentales controlan la mayor parte el territorio.

Este es cuarto mandato para Al Asad y, de acuerdo con la actual Carta Magna, debería ser el último.


El dirigente, que tomó el relevo de su padre, Hafez al Asad, tras su muerte en 2000, arrasó con el 95,1 % de los votos en los comicios presidenciales celebrados en Siria a finales del pasado mayo, una cita electoral fuertemente criticada por la oposición y buena parte de la comunidad internacional.


Millones de personas en las áreas noroccidentales y nororientales fuera del control de Damasco quedaron fuera de la votación, que tampoco se adhirió al plan de paz para una solución política en Siria auspiciado por la ONU desde 2015.


Como se esperaba, Al Asad barrió a sus poco conocidos contrincantes Mahmud Marai, un líder de la oposición interna tolerada por Damasco, y Abdulá Salloum Abdulá, un exviceministro de Asuntos Parlamentarios que se presentó como candidato independiente. 


El líder perenne

Bachar al Asad no era el elegido para heredar de su padre la presidencia siria, pero después de que el deber familiar llamase inesperadamente a su puerta se aferró al poder con uñas y dientes, silenciando a sus adversarios, aplacando revueltas multitudinarias y sobreviviendo a diez años de guerra.


Al Asad, que lleva más de dos décadas consecutivas al frente del país árabe, inicia hoy su cuarto mandato de siete años tras arrasar con el 95,1 % de los votos en las polémicas elecciones presidenciales celebradas el pasado 26 de mayo.


Estas son las principales claves para entender su trayectoria:


Una noticia inesperada

Al Asad (Damasco, 1965) estudió Medicina y se especializó en Oftalmología en la capital siria, donde al acabar sus estudios ejerció como médico militar por un tiempo. El joven, al que no se le atribuían aspiraciones políticas, se marchó luego a Londres para continuar con su formación profesional.


Sin embargo, dos años más tarde, en 1994, una fortuita tragedia familiar cambiaría el curso de su vida para siempre: el accidente de tráfico que acabó con la vida de su hermano Basel, el hijo mayor del entonces presidente sirio, Hafez al Asad.


Bachar fue llamado a Siria por su padre y se embarcó en un lustro de preparación para eventualmente tomar la batuta, al igual que había hecho el primogénito los años previos a su muerte, ganando experiencia en las filas castrenses y peso en la vida pública.


El momento llegó en 2000 cuando Hafez al Asad falleció tras casi tres décadas en el poder, al que había accedido por un golpe de Estado.


La Primavera Árabe

Enseguida se enmendó la Constitución para que Bachar cumpliese con los requisitos de edad y se celebró un referéndum que respaldó su ascenso a la jefatura de Estado.


Después de 37 años de gobiernos del Partido Baaz, casi todos encabezados por su progenitor, Al Asad fue visto inicialmente como una esperanza para el cambio y un probable instigador de reformas democráticas y aperturistas.


Sin embargo, pronto llegaron las campañas de arrestos de activistas y opositores, y, una década más tarde, la brutal represión de las protestas que estallaron en Siria en contra de su Gobierno en el marco de la Primavera Árabe.


Al Asad, quien ante la presión de las calles accedió a implementar reformas e introducir el pluralismo político en el país, es uno de los pocos dirigentes que continúan en el poder desde las revueltas que estallaron en 2011 y tumbaron a los gobiernos de varios países de Oriente Medio y el Norte de África.


Diez años de guerra

El presidente sirio también ha sobrevivido al conflicto armado en el que derivaron aquellas protestas, logrando desde 2016 retomar militarmente la mayor parte del territorio sirio con ayuda de su aliada Rusia y las milicias chiíes iraníes y libanesas que le apoyan.


Una década después de su inicio, la guerra da sus últimos coletazos en el último bastión opositor del país, la provincia noroccidental de Idlib, dominada principalmente por el Organismo de Liberación del Levante, en el que se incluye la exfilial siria de Al Qaeda antiguamente denominada Frente al Nusra.


Las fuerzas leales a Al Asad han intensificado recientemente sus ataques esporádicos en la región, donde Ankara y Moscú pactaron en marzo de 2020 un cese de hostilidades que ha mantenido los frentes prácticamente congelados.


Un país en ruinas

Al Asad inicia hoy su cuarta legislatura con un referéndum y tres victorias electorales en su haber, las dos últimas - en 2014 y 2021 - las primeras en décadas con más de un candidato al amparo de la nueva Constitución promulgada en 2012 a raíz de las revueltas.


Se enfrenta a un creciente descontento popular por la grave crisis económica y la escasez de productos básicos, que ha llevado al 60 % de la población a sufrir inseguridad alimentaria y a más del 80 % de los sirios a vivir por debajo del umbral de la pobreza, según datos de la ONU.


A ello se suman 6,2 millones de desplazados internos, millones más refugiados en otros países y todo un proceso de reconstrucción por delante, que se plantea como casi imposible en medio del aislamiento internacional al Gobierno y la última campaña de sanciones por parte de Estados Unidos.

Al Asad jura su cargo como presidente de Siria por cuarta vez