Los diarios imposibles de Torrente

Torrente Ballester fue profesor en la universidad de Albany entre 1966 y 1972, momento en el que donó sus diarios a la institución | fundación gonzalo torrente ballester
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El 25 de enero de 2020, en el cementerio de Serantes, el profesor José Antonio Ponte Far expresó su deseo de que pronto pudiesen ver la luz los diarios que Gonzalo Torrente Ballester escribió entre 1954 y 1964 y que tres años después donaría a la Universidad de Albany. Hoy, a las puertas del vigésimo segundo aniversario de su muerte, nada ha cambiado.

El autor de “La saga/fuga de J.B.” puso condiciones a la publicación de estas tres libretas manuscritas de 80 páginas cada una. La primera, que los textos solo podrían leerse transcurridos diez años de su fallecimiento, aunque en esto también incluyó una excepción: que si moría en España por razones políticas se difundiesen de inmediato. La segunda –y es aquí donde está la razón de que a día de hoy sigan inéditos– es que las referencias a los hijos de su primer matrimonio solo podrían publicarse tras el fallecimiento de todos ellos.
María Jesús y María Luisa Torrente Malvido siguen vivas y, pese a que las cláusulas del contrato de cesión a Albany son claras, es la interpretación de las partes –institución y familia– y la conveniencia de implicar a esta última en el proceso de edición lo que ha provocado que “Mi fuero interno” aún permanezca inédito. Y no parece que las posturas, muy alejadas, vayan a reconciliarse.

El hijo de María Luisa, el escritor Marcos Giralt Torrente, recalca que las cláusulas de su abuelo no impiden la publicación de los cuadernos en vida de los hijos de la primera estirpe, previa supresión de toda referencia a ellos. Lamenta, eso sí, que en ningún momento del proceso “se nos haya dado siquiera la oportunidad de intervenir en la designación del encargado de la edición”. “Si vetando”, prosigue, “la publicación íntegra hasta la muerte de sus cuatro hijos mayores pretendía proteger su intimidad, no tiene sentido que ante una publicación parcial dejara en manos de extraños la criba del texto, sin permitir que sus hijos tuvieran al menos la oportunidad de juzgar la escrupulosidad del trabajo realizado, cosa que sólo se puede hacer mediante el cotejo del manuscrito con el texto editado”.

Giralt Torrente incide en que el escrito de donación “no impide el acceso de los Torrente Malvido al manuscrito transcurridos diez años de su muerte. Nada dice de que no puedan leerlos”, expone. El nieto de Torrente considera por ello que Albany “actuó precipitadamente y de una manera bastante obtusa” e insiste en que ni su madre, ni su tía, ni el resto de herederos Torrente Malvido “tenemos inconveniente en que se publiquen, aun parcialmente, pero queremos conocer antes el texto en su integridad, no solo para corroborar que la edición se hace correctamente, sino porque creemos que esa era la verdadera intención de mi abuelo”. Advierte, además, de que “mientras eso no suceda, no daremos nuestro permiso” y, para ello, “haremos valer, donde haya lugar –también en EEUU– nuestros derechos morales como herederos”.

Una lectura “rápida”
La Universidad de Albany, a través de la editora elegida, ofreció en su momento la posibilidad de “una lectura rápida” del manuscrito sin las referencias a los cuatro hijos mayores de Torrente, posibilidad que la familia rechazó. “Tanto la Universidad de Albany como Joana Sabadell”, señala Marcos Giralt, “no solo quieren evitar, sin asistirles razón ni derecho, que ejerzamos nuestra obligación de supervisar el trabajo de edición, sino que al parecer también quieren imponernos cómo leer el manuscrito una vez cercenado”. Para el nieto del escritor ferrolano, Albany habría tomado “el camino errado al designar a una persona para editar el manuscrito original antes de haber comunicado a la familia su interés en publicarlo, privándonos del derecho a conocer ambas versiones”.

Así las cosas, el texto editado de “Mi fuero interno” no tendrá el beneplácito de los herederos del primer matrimonio mientras no se les implique en un proceso que, según algunos de los especialistas en la vida y obra de Torrente Ballester, nació sin el consenso necesario. La designación de Joana Sabadell, experta en literatura española contemporánea, para realizar este trabajo causó sorpresa en su momento.

“Creo que se escogió a la persona equivocada”, dice Ponte Far, quien recuerda que la familia habría propuesto para ese complejo trabajo –un manuscrito en letra pequeña, con innumerables anotaciones, iniciales, etc.– a varios especialistas en Torrente: Ángel Basanta, Ángel Loureiro o Carmen Becerra, entre otros. “Tanto la Fundación como otros expertos en Torrente –explica Becerra– consideramos que Albany no dio esos diarios a la persona adecuada. Joana es una investigadora magnífica en literatura contemporánea de mujeres, pero cuando aceptó el encargo ignoraba la literatura y la vida del autor. Con unos diarios escritos a mano llenos de iniciales y de alusiones y referencias no implícitas, el trabajo podría naufragar".

Pero Albany siguió adelante y, tras una labor de edición de más de cinco años, el resultado se entregó a la agencia literaria de Carmen Balcells. “Parece que no le gustó”, dice Becerra, opinión que comparte Ponte Far: “Vio que era un disparate, carente de estilo y de rigor, y descartó su edición”.

Aun así, rememora Carmen Becerra, hubo intentos de desbloquear la situación. “Se negoció con la primera estirpe y con Balcells la posibilidad de que leyesen lo que estaba hecho y obtener así su permiso, pero tampoco. La Fundación lo intentó y nos entrevistamos con un emisario de Albany, pero se negó”. A su juicio, el bloqueo tiene “tres patas; una, Albany y su posición inamovible; otra, las discrepancias familiares y la de ver o no esos diarios antes de ser publicados; y la tercera, la agencia de Balcells, que ha seguido una determinada dirección”.

Para Becerra, es muy probable que los diarios ya hubieran visto la luz si la persona designada para su edición fuese otra. Apunta, en concreto, a Ángel Loureiro. “Con él probablemente no hubieran salido estas presiones, discrepancias y desencuentros”, vaticina. “Se requería a alguien que conociera al autor y allí en Princeton había un catedrático prestigioso que hizo la primera tesis sobre Torrente en América y que había escrito muchos artículos y un par de libros maravillosos. Nunca entendimos por qué Albany se negó a aceptar la oferta que hizo la familia. Eso no desmerece en absoluto la investigación de Sabadell, pero los que trabajamos en la universidad tenemos unas líneas de trabajo, y desde luego esa no era la suya, y sí la de Loureiro”.

Un momento de catarsis
Las diferencias sobre el “cómo” no empañan, sin embargo, una visión compartida sobre la importancia del contenido de los diarios. Se escribieron en una época –de 1954 a 1964– en la que Torrente cambia su posición sobre la realidad política española. Pese a que nadie, salvo Joana Sabadell, ha tenido acceso al texto íntegro, el hecho de que en el escrito de cesión Torrente hubiese incluido una cláusula para su publicación inmediata si moría “por motivos políticos” en España revela hasta qué punto sus apreciaciones podrían molestar al régimen.

Del contenido apenas ha trascendido algún detalle. Hace diez años, en una conferencia en Vigo, Sabadell avanzó alguna información. Ponte recuerda que “estamos hablando de diez años que son los peores de Torrente. Su primera mujer muere en esa etapa y en 1962 firma un manifiesto en el que se critica la actuación del gobernador civil en una huelga minera en Asturias”, explica. Y es a partir de ahí, añade, “cuando el régimen le da la espalda, deja de colaborar en RNE y en otros periódicos... Podemos decir que pierde los privilegios del régimen”. El profesor opina por ello que el texto “tiene mucha importancia desde el punto de vista social, político y religioso para entender la Historia de España del siglo XX” y permitirá “conocer la evolución ideológica de Torrente”.

Esta percepción la comparte el catedrático de Princeton Ángel Loureiro, que ve un precedente de interés en “Los cuadernos de un vate vago”, publicados a comienzos de los 80, pero redactados mucho antes. “En ellos”, apunta Loureiro, “hay mucha información sobre el proceso doloroso de creación de “La saga/fuga de J.B.” y el esfuerzo que le supuso adaptarse a Albany y sacar adelante una obra tan innovadora. Estos diarios”, continúa el profesor, “serían muy interesantes como documento histórico” y, de algún modo, también para resarcirlo de quienes “le recordaron un pasado falangista que, según algún estudio reciente, habría sido más continuado de lo que quiso reconocer en los últimos años de su vida”.

Su hijo Álvaro, que subraya que no ha sido autorizado a consultar los diarios “pese a que es algo que no prohíbe el documento firmado”, no tiene dudas de que el interés de los diarios “va más allá de la persona y de la obra de mi padre, precisamente porque son escritos que no están filtrados, son privados, y es mucho más probable que dijera lo que realmente pensaba, y más en un periodo de represión como el franquismo”.

Carmen Becerra considera que, al margen de las circunstancias que han impedido su publicación, los diarios “esclarecerán algo muy importante en la historia de Torrente, que es el momento en el que rompe con el grupo en el que estaba instalado políticamente, y su posición respecto al franquismo”. “Es una pena”, continúa, “para un autor tan importante como él al que se sigue tachando de todo menos de bonito”.

Becerra explica que este “desinterés” se refleja en el estado comatoso en el que se encuentra la Fundación, huérfana de apoyos económicos que la hagan viable. “El apoyo institucional fue desastroso, pese a la cantidad ridícula de la que hablamos, 20.000 euros”, afirma. “Es cierto que Concello de Santiago y USC sí ayudaron de vez en cuando”, reconoce, “pero la actitud de la Xunta me parece lamentable: ha habido legados de otros escritores menores, a mi juicio, que han sido muy cuidados; el de Torrente, ni siquiera digitalizado”, carencia que achaca a que “para muchos gallegos sigue siendo un falangista”.

La publicación de los diarios cambiaría la visión generalizada sobre Torrente, sostiene Becerra. “Se hicieron en una fase en la que escribe “La princesa durmiente va a la escuela”, una crítica ácida a todo tipo de poder que hay que entender como una crítica contra la situación del Estado español esos años”. Por todo ello, concluye, “me da pena que no se publiquen, me voy a morir sin leerlos”.

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