El indulto

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En el fondo, la medida de gracia que estudia el Gobierno para la excarcelación de los políticos catalanes presos, el indulto, es una acción que intenta ser intermedia, contemporizadora, entre los extremos contrarios a dicha medida, esto es, entre la derecha nacional que se opone radicalmente a ella por considerar que no se dan las razones de equidad, de oportunidad o de conveniencia pública que señala la ley para su concesión, o, dicho de otro modo, por considerar poco escarmiento los tres años y medio que los reos llevan de cárcel, y los correligionarios y partidarios de éstos, que rechazan el indulto y reclaman la amnistía para los dichos presos y, por extensión, para cuantos, algunos miles, se hallan incursos en procedimientos judiciales por sus acciones en el malhadado “procés”. Como se sabe, en tanto que el indulto es una prerrogativa del Gobierno sancionada por el rey que no suspende el delito ni la sentencia firme, sino solo, total o parcialmente, el cumplimiento de la pena de cárcel, la amnistía borra delito y sentencia con todas sus accesorias, siendo necesaria para su concesión, de alcance colectivo, la aprobación de una Ley, no bastando la voluntad gubernativa. Pues bien; en esa diferencia radica lo que de intermedio y contemporizador tendría en este caso el indulto que patrocina el Gobierno, pues excarcela pero no borra los antecedentes penales, de suerte que, aunque soslaya la conveniencia política y social de que los beneficiados expresen su arrepentimiento y su propósito de no volver a las andadas, el Estado se guarda la persuasiva baza de un mayor rigor punitivo en caso de reincidencia, que es lo que todos, salvo los independentistas, queremos evitar.


Es cierto que en este asunto se mezclan muchas cosas, convirtiéndolo en endiabladamente peliagudo, desde el eterno debate sobre la pertinencia de esa medida de gracia, que lo mismo puede enmendar errores de la Justicia que enmendarle la plana arbitrariamente a esta, hasta su utilización partidaria para conservar el poder gracias al necesario apoyo parlamentario de los independentistas para conservarlo, pero también lo es la necesidad de contribuir a cerrar de una vez el triste capítulo de la insurrección secesionista del 17 mediante iniciativas y gestos de generosidad, pacificación y concordia. Gobiernos anteriores indultaron a narcotraficantes, políticos corruptos, policías torturadores, banqueros ful y conductores kamikazes. Todos ellos merecieron, según el indulto del Ejecutivo, otra oportunidad. ¿Acaso nosotros, todos, no la merecemos?

El indulto