Carmela Barro: “En Estados Unidos el fútbol es más físico y directo”

Carmela Barro futbolista
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Deportista polifacética, tras compaginar durante años especialidades tan dispares como la natación, el remo o el fútbol, Carmela Barro (Narón, 1999) se decantó en la adolescencia por este último para cimentar una prometedora carrera. En apenas tres años dio el salto desde el Racing de Ferrol a los Golden Grizzlies, de la Oakland University (Michigan), con una parada intermedia en el Deportivo de A Coruña que supuso un auténtico trampolín. La alarma sanitaria por el coronavirus precipitó su regreso a Narón en esta su tercera campaña deportiva y curso académico en Estados Unidos. Un pequeño punto y seguido en un proyecto vital que confía podrá retomar en breve.

Como otros muchos jóvenes deportistas, Carmela Barro decidió cruzar el Atlántico en busca de facilidades para compaginar la práctica deportiva con los estudios. Nunca se había planteado hacerlo en el extranjero, pero casi por casualidad contactó con una agencia y cuando comprobó lo que el programa de becas para deportistas podía ofrecerle no lo dudó ni un momento.

Con la perspectiva del tiempo, su recomendación es clara: “Quien quiera irse que se informe bien y lo mire con tiempo”. En su caso, en apenas una semana contactó con una agencia y se vio en clases de inglés. Sin embargo, ese último año que pasó en España no fue suficiente para ponerse al día con el idioma y, de hecho, tuvo que dedicar sus primeros meses en Estados Unidos a prepararse para obtener la capacitación necesaria en esta lengua antes de arrancar sus estudios universitarios.

Fue, sin duda, lo más complicado en esos primeros meses fuera de casa, pero su tesón y ganas hicieron más fácil su proceso de adaptación a pesar del radical cambio de vida que supuso su llegada a Rochester: “Yo quería que funcionase, quería adaptarme a la vida allí”. Y tan pronto se puso al día con el inglés, las cosas no hicieron más que mejorar. “Yo fui allí a estudiar”, insiste, y tanto que lo hizo, porque poco a poco ha ido aumentando las horas de clases y en la actualidad, además de su titulación, la de matemáticas, cursa dos “minors” en programación de ordenadores y física.

Y es que la faceta académica siempre fue una de sus prioridades, incluso cuando decidió decantarse por la propuesta de Oakland University de entre todas las ofertas que recibió. “No me importaba que el equipo no fuese tan bueno, siempre que el nivel académico lo fuese. Aunque la verdad es que son cosas que suelen ir parejas”, explica Carmela Barro, para la que la zona en la que está ubicado el distrito universitario fue también importante. “Estamos a 30 minutos de Detroit (Michigan), que es una ciudad que está en decadencia y eso le preocupaba a mi familia. Pero Rochester, donde vivo, es un sitio tranquilo y una de las ciudades más ricas de Estados Unidos”, explica.

En su aventura, Carmela Barro siempre consideró el fútbol “un reto a mayores” de los estudios, pero lo cierto es que se ha encontrado muchas facilidades para tener éxito en las dos vertientes: “Aquí quieren que los deportistas triunfen también a nivel académico. Tienes que cumplir unos requisitos para que te den la beca y te ponen tutores y todos los medios para que apruebes. Los profesores son muy abiertos, te ayudan mucho y hay clases de refuerzo”.

Fútbol

Dentro del campo, las cosas también son muy distintas en Estados Unidos, donde prima un fútbol “más físico. Tienes que estar muy en forma”. Cuestiones como la técnica –“no se trabaja tanto como aquí”– pasan a un segundo plano en favor de “un juego mucho más directo. Cuando coges el balón solo se mira hacia delante, hacia la portería”. Carmela trabajó a destajo para mejorar en el capítulo físico, “que también es importante para hacer movimientos, desmarques con y sin balón” y ha alcanzado un “mayor control” del esférico pues, “al no estar tan cansada, puedo tomar mejores decisiones” cuando lo tiene en los pies.

Su esfuerzo se ha visto recompensado cada vez con más minutos sobre el terreno de juego. En la liga universitaria los cambios son ilimitados y no es habitual que una futbolista dispute los 90 minutos. En su primera temporada, ella jugó una media de 60, pero en la última rondó los 80 haciéndose fuerte como una mediocentro defensiva sólida.

De la misma forma su equipo ha ido a más a nivel de resultados. Ella fue el primer fichaje de un revolucionado proyecto que renovó prácticamente la mitad del equipo. Desde entonces, los Golden Grizzlies han disputado en dos ocasiones el torneo por el título al que acceden los seis mejores.

También el sistema de competición es muy distinto al que ella estaba acostumbrada. La temporada oficial se concentra entre los meses de agosto y principios de noviembre. “Ahí te meten mucha caña. Son más de dos meses con dos partidos por semana en los que viajas y te pierdes clases. Pero tienes noviembre y diciembre para ponerte al día”, explica. Después llega la temporada de invierno, solo con amistosos, en la que “se preparan otras áreas específicas: trabajamos mucho el físico, pero también la técnica, la táctica... Y el equipo se prepara para la siguiente temporada”.

Puesto que para ella la campaña no está en un punto álgido, el confinamiento está siendo llevadero, aunque intenta mantenerse en forma con las limitaciones que conlleva vivir en un piso. La elíptica y el banco ergómetro que su hermana, la remera internacional Malena Barro, se trajo del Centro Galego de Tecnificación Deportiva de Pontevedra están siendo sus grandes aliados en un proceso que, mirando el lado positivo, le está permitiendo disfrutar más de la familia que otros años.

Por ahora, no tiene fecha de regreso. Debería volver en agosto, “pero en Estados Unidos las cosas están yendo a peor”, así que no está muy claro cuándo arrancará finalmente la próxima campaña o si se podrá disputar con público: “Yo lo que quiero es que la vida vuelva a ser lo más normal posible”, sentencia.

Carmela Barro: “En Estados Unidos el fútbol es más físico y directo”