El cigarrillo electrónico en España

El cigarrillo electrónico en España
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El sector del cigarrillo electrónico es uno de los que más crecimiento experimenta en nuestro país. Se estima que a finales de 2019 la facturación superará los 90 millones de euros. Una cantidad considerable teniendo en cuenta el contexto: la cadena de tiendas de cigarrillo electrónico Smokeon indica que España tiene un índice de vapeadores muy inferior al de otros países de Europa.  

¿A qué se debe esto? ¿Qué factores influyen? Lo cierto es que se trata de un asunto que debe analizarse desde diferentes perspectivas y que, de hecho, suscita posturas radicalmente enfrentadas dependiendo del país del que hablemos. Pero antes conviene definir bien al principal protagonista de esta historia: el cigarrillo electrónico.

¿Qué es un cigarrillo electrónico?

Lo primero que cabe reseñar es su origen: año 2004, China, fecha y lugar en la que se desarrollan los primeros cigarrillos electrónicos del mundo. Hoy los encontramos bajo otras denominaciones como "vapeador" o "e-cig", y de todas las formas posibles: con base de caja, esféricos, circulares, como si fueran las antiguas pipas... Incluso con estéticas arriesgadas con colores y detalles llamativos. 

Aunque lo cierto es que, en su más puro origen, los cigarrillos electrónicos imitaban casi a la perfección la forma de un cigarrillo convencional.

Con su evolución y consolidación en el mercado, también se han creado diferentes aromas y sabores con los que disfrutar del cigarrillo electrónico para satisfacer los gustos y exigencias de los fumadores más experimentados. Hoy día, el fumador puede encontrar sustancias que emulan el sabor del chocolate o incluso de cualquier fruta, para hacer la experiencia más placentera.

¿Pero de qué se compone un cigarrillo electrónico? En su interior se encuentra una batería de baja potencia que suministra la energía a una resistencia que, a su vez, al accionar un botón, se activa y calienta la sustancia que se encuentra en el tanque, produciendo el vapor que se inhala. Básicamente, esta es la composición común de un "vapeador", aunque existen alternativas con sistemas más sofisticados con accesorios y recambios varios.

Los cigarrillos electrónicos son un artículo de uso relativamente reciente en España, donde llegaron como sustitutos del tabaco tradicional pero, poco a poco, se han instaurado para ser un producto más que consumir también por placer.

¿Cómo se encuentra el mercado en España?

Estos dispositivos han ganado adeptos en nuestro país, hasta situarse la previsión en cerca de 600.000 fumadores de cigarrillo electrónico a finales de este año, un 25% más que el año pasado. En términos económicos, se estima que la facturación superará los 90 millones de euros. Los datos reflejan la tendencia al alza en nuestro país, donde se pueden encontrar en tiendas especializadas o adquirir por Internet con total libertad solo para mayores de edad.

Como se ha comentado, muchos de los actuales fumadores de vapeador comenzaron a utilizarlo como sustitutivo de tabaco convencional, bien como primer paso para dejar de fumar de forma definitiva, o bien como alternativa amparándose en la corriente que defendía que su composición era menos perjudicial que la del cigarrillo tradicional. Ante ello, las autoridades sanitarias españolas han advertido por activa y por pasiva que no hay evidencia científica que sustente esta información.

El contexto actual en nuestro país deja una situación curiosa: posturas enfrentaras sobre el cigarrillo electrónico, mientras su venta y uso está totalmente permitida tanto a través de Internet como en tiendas especializadas. Eso sí, se trata de un sector continuamente pendiente de los cambios de legislación que pueden afectar tanto a su venta y disponibilidad como a los datos de uso.

Sin embargo, si salimos de nuestras fronteras, todavía podremos encontrar situaciones aún más curiosas con tendencias radicalmente opuestas en países que nos son bien conocidos. 

Reino Unido y el cigarrillo electrónico

Para encontrar un país con una postura totalmente favorable no debemos irnos muy lejos. Si existe una nación en el que se apueste por el uso del vapeador como sustitutivo del tabaco convencional para dejar de fumar, ese es Reino Unido. Desde la sanidad pública británica defienden que el cigarrillo electrónico contiene sustancias menos perjudiciales para la salud y que, además, es un método de garantías para dejar de fumar definitivamente.

Para defender esta afirmación, este organismo se basa en sus propios datos: según indican, más de un 65% de británicos fumadores abandonó este hábito tras comenzar el proceso cambiando el tabaco por el vapeador.

Estados Unidos, la prohibición del vapeador

Y si cruzamos el Atlántico, veremos que en una situación totalmente opuesta a la de Gran Bretaña con respecto al cigarrillo electrónico se encuentra Estados Unidos. De hecho, en el país norteamericano ha surgido una medida pionera para eliminar los vapeadores del mercado actual: la gobernadora del estado de Michigan, a golpe de decreto, ha prohibido su venta.

Se trata de una medida que, lejos de ser una iniciativa aislada, ahora quiere extender a toda la nación el gobierno que preside Donald Trump. Sobre todo, después de conocerse la noticia del fallecimiento de seis personas, presuntamente, por el uso del cigarrillo electrónico.

Como se puede ver, las posturas y percepciones sobre el uso y efectos del cigarrillo electrónico son respecto al tabaco tradicional sin diferentes entre países. A veces, incluso totalmente contrarias, como es el caso de Gran Bretaña y Estados Unidos. En nuestro caso, en España, se trata de un mercado en crecimiento que cada día gana adeptos.

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