La lluvia agua la “postfiesta” en la Feria de Betanzos

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En la Feria de Año Nuevo de Betanzos conviven tacones de vértigo y zapatillas, escotes palabra de honor y abrigos de piel, sombrillas y paraguas, las letras de Juan Pardo y los personajes de Peppa Pig. La García Irmáns vuelve a ser el lugar elegido por cientos de jóvenes para alargar la fiesta y azucarar con churros y chocolate las primeras horas de 2016. Ningún mercado en el mundo tienta a clientes tan dispares como el del 1 de enero en Betanzos. Los esmóquines y los vestidos desfilan entre cerdos y  gallos para crear un escenario de surrealisno que ni las pasarelas de Nueva York o París.

La estampa se repite cada doce meses desde hace decenios en O Campo, donde ellas se lanzan a las zapatillas, y en Bellavista, donde ellos regatean por un marrano o por un conejo de Flandes. Solo la lluvia consigue aguarles la fiesta y, a mediodía, los que resisten no alcanzan el centenar, aquellos a los que aún les quedan cuerpo y ganas para otra copa en Os Soportais. 

La meteorología y la crisis restan público a la cita que, como en los últimos años, se cierra con menos vendedores y más parrandistas, las mismas tradición y excentricidad e idénticas imágenes que cada Año Nuevo en Betanzos. Entre los comerciantes y los agricultores aumentan los que se apuntan a echar la persiana y aprovechar para recuperarse de los excesos de la celebración, y solo las veinteañeras que deambulan en zapatillas a primera hora y las colas en las paradas de los buses y de los taxis revelan que es día de san Manuel.

La lluvia agua la “postfiesta” en la Feria de Betanzos