Reportaje | Alba, la ferrolana que habla al mundo en debates de órganos internacionales

La ferrolana Alba Gavaliugov Méndez durante una de sus ponencias en la Universidad en la que estudia Derecho y Ciencias Políticas, la Carlos III de Madrid
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Hace una semana que aterrizó en Madrid llegada de Montreal. Este fue uno de los tantos viajes que Alba Gavaliugov –de padre rumano y madre ferrolana– realiza para llevar a cabo una de sus pasiones: el mundo de los debates y las simulaciones de Naciones Unidas. “Viví en Ferrol hasta los 10 años, la mitad de mi vida, y de ahí pasé a estar en Madrid durante 2 años para finalmente ir a Rumanía donde empecé el instituto. En el año 2011, el Parlamento Europeo organizaba una simulación para jóvenes y, después de una selección nacional, fui elegida, junto a otros cuatro compañeros, como representante de Rumanía”, explica la joven.

Y a partir de ahí empezó todo. Después de que el gusanillo le picase, participó en un consejo de seguridad como representante de la India en el primer modelo de simulación de Naciones Unidas; hizo lo propio en Londres incurriendo en más de 15 conferencias; y entró dentro de la asociación de la ONU de la Carlos III de Madrid –universidad en la que estudia Derecho y Ciencias Políticas– y desde 2013 ha sido vicesecretaria general del modelo de dicha universidad, el más grande de España.

Con su reciente viaje a Montreal se convirtió en la primera persona española en copresidir, junto a un estudiante de Harvard, el modelo de Naciones Unidas más prestigioso y multitudinario del mundo, “así que esperemos que a partir de este año empiece a ir más gente”, comenta.

Donde más cómoda se siente Gavaliugov es participando en comisiones o comités de crisis y, de hecho, “ahora en Montreal lo que se simuló fue el gabinete de crisis de Erdogán, donde los integrantes representan a un ministro o a un embajador para solventar un problema del mundo actual. Se trata de representaciones muy fidedignas porque los procedimientos de votación y los documentos que se presentan son como los de la ONU”, indica.

Con 20 años ha hecho un currículo que pocos a su edad podrían imaginar pero, más que sentirse orgullosa, Alba indica que se lo pasa muy bien, que “se conoce un montón de gente estupenda y se aprende mucho, sobre todo”. “Estos programas te sirven básicamente para aprender a ver puntos de vista distintos a los tuyos y gracias a este modelo, he hecho muchos amigos, con formas de pensar muy diferentes a la mía que es más liberal, para toda la vida. Te das cuenta que a veces la forma de pensar es importante pero lo humano es cada vez lo que te une más y dejas de lado la apariencia física, algo que en España creo que es importante”, explica.

Planes
¿Y por qué decidió dejar la tierra de su padre y regresar a España? “Porque quería estudiar Derecho y no puedes estudiarlo en otro país si quieres vivir en el tuyo”, reconoce, al mismo tiempo que señala que ha cambiado la idea de ser abogada por la de estudiar las oposiones de acceso a la Carrera Diplomática. “Pero son muy difíciles, lo sé”.
Entre sus planes de futuro a corto plazo se encuentra pasar un cuatrimestre del próximo curso en París para mejorar su francés. ¿Y a largo plazo? A parte de continuar con su carrera profesional, Alba Gavaliugov admite tener una obsesión: comprarse una casa en Doniños. “Me siento muy ferrolana. Mi grupo de amigas de cuando iba a la guardería y al Compañía de María sigue siendo mi pandilla; Ferrol es mi único hogar, el sitio al que siento que pertenezco por eso necesito poder volver”, asegura la joven que este año vendrá a la Semana Santa. Otro de los atractivos que tiene la comarca para Alba son sus playas, en las que le encanta practicar surf, “aunque lo hago fatal”. Sin embargo, este verano no podrá disfrutar de ellas porque repite por tercer año como directora del Área de Política y Asuntos Globales en una Fundación de Liderazgo Internacional para adolescentes de todo el mundo. “Me hubiese encantado ir de pequeña porque se empodera mucho al adolescente; son niños de 14, 15 y 16 años que deciden lo que ocurre cada día, y todo es asambleario. Luego cuando llegan a sus casas vuelven deprimidos porque se dan cuenta de que el mundo no es así pero han visto un modelo donde las cosas pueden ser distintas”, comenta. l

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