La incertidumbre en torno al programa SEA 5000 abre una puerta a Navantia

La incertidumbre en torno al programa SEA 5000 abre una puerta a Navantia
La clase “Hobart” australiana está basada en el diseño de la serie F-100 de Navantia | Emilio Cortizas

El programa SEA 5000, que contemplaba la construcción de nueve fragatas para la Armada Real Australiana (RAN), ha pasado a la historia, junto con el contrato similar para Canadá –en este caso para 15–, como uno de los mayores reveses recibidos por Navantia por circunstancias geopolíticas. Y es que, como se mencionó en este diario en reiteradas ocasiones, el recién votado Brexit dejó vulnerable a la industria naval británica, lo que, supuestamente, inclinó la balanza en ambos encargos en favor de BAE Systems, pese a no cumplir los requisitos de las dos naciones frente a la propuesta del grupo naval español, que se perfilaba como la favorita en los dos casos.


Sin embargo, casi un lustro después de esta suerte de batacazo, parece que la decisión finalmente favorecerá a Navantia, en base a los problemas que la fragata británica está arrastrando. Y es que diarios como el “National Tribune” y el “Australian Financial Review” se han hecho eco esta semana de una solicitud por parte del Partido Verde de la nación oceánica para que la Comisión Anti-Corrupción del Gobierno realice una investigación tanto de la adjudicación del contrato a la británica BAE Systems, como de la “desaparición” de toda la documentación sobre la polémica decisión.


Si esto no fuera poco, hoy mismo el director ejecutivo de la filial australiana de la empresa naval, Ben Hudson, tuvo que comparecer ante el Comité Mixto de Cuentas Públicas y Auditorías para dar explicaciones sobre los retrasos que acumula el proyecto –unos 18 meses, a día de hoy–, así como de los múltiples problemas de diseños, especialmente en cuestión de dimensiones y peso, de los navíos. A esto habría que sumar un nuevo análisis de las capacidades navales del ejército, que está realizando un auditor externo y que será entregado a finales de mes al Ministerio de Defensa, y que podría poner en jaque la totalidad del contrato.

 

Más barcos, más pequeños


Todo este cúmulo de circunstancias, que curiosamente no se ha dado en Canadá pese a enfrentar problemáticas similares, pueden jugar en favor de las últimas propuestas de Navantia, que ofreció hace poco más de un año tres destructores de la clase “Hobart” y el pasado febrero seis corbetas “Alfa 3000” al gobierno australiano como buques “puente” hasta que las fragatas “Hunter” estén concluidas.


Por un lado, el hecho de que la adjudicación llegue a Anti-Corrupción, independientemente de las conclusiones de esta, pone más presión en torno a un concurso que ya de por sí no goza de demasiada popularidad, al tiempo que pone en valor la marca Navantia –que cuenta con su propia filial local, además de una relación más que probada con la Armada del país–. Esto se traduciría en una mayor aceptación por parte de la ciudadanía de un gasto adicional para mejorar sus capacidades defensivas.


De igual modo, la comparecencia de Hudson ha puesto nuevamente en el centro del debate el hecho de que el Gobierno invertirá un mínimo de 27.000 millones de euros –una cifra que desde el propio Ejecutivo se adelantó que aumentaría– en una serie de fragatas que no cumplen con los requisitos iniciales. Y es que, si bien Hudson afirmó que los navíos tendrían las capacidades solicitadas por la Armada, el hecho de que rechazase clarificar el nuevo peso –el máximo permitido eran 10.000 toneladas– y dimensiones de los mismos plantea serias dudas sobre su operatividad, eficiencia, capacidad de maniobra, etcétera.


No obstante, es el tercer factor, el mencionado informe externo, el que podría ser más beneficioso para Navantia. Fuentes del Ministerio de Defensa indicaron al “Financial Review” que el documento no solo recomendaría al Gobierno pasar de nueve a seis unidades de cara a no disparar los costes y no dilatar más los plazos de entrega –la primera unidad entraría en funcionamiento durante los primeros meses de 2030–, sino que incluso podría llegar a plantear abandonar el contrato en su totalidad y centrarse por el momento en contar con una flota de más barcos, aunque más pequeños. Teniendo en cuenta que la oferta de Navantia establece un plazo de entrega cercano a 2029, lo que fue un ofrecimiento ahora podría ser directamente la solución. 

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