¿Vivir o sobrevivir?

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Aseguran las estadísticas que somos, después de los japoneses, los ciudadanos más longevos de este perro mundo. Y aquí llega la letra pequeña ¿cómo vivimos? ¿Llevamos una vida perra o tenemos estándares de vida que nos permiten un paseo sin grandes sufrimientos a lo largo de esa larga vida?

No hablamos de ese vergonzoso tanto por ciento que malvive desde que nace hasta que nos deja, sino en general de lo que se conoce como “una vida decente”.


Para eso es necesario que contemos con una sanidad pública de calidad; el acceso a una vivienda digna y la posibilidad de una enseñanza que nos permita llegar a trabajos racionalmente renumerados.


Ahora mismo hay datos de que aumentó el número de ricos y que no ha disminuido la cifra de quienes viven en el umbral de la pobreza. Hay trabajadores con salarios ínfimos que se suman a esos otros ciudadanos en paro. Y lo que es peor: una bolsa de pobreza entre los llamados más vulnerables que les marcará para siempre: seguirán siendo pobres sus hijos.


Ahora mismo tenemos un asunto sobre la mesa que, al parecer, tiene dividido al gobierno: la actualización del salario mínimo interprofesional que sigue sin fecha. Para Nadia Calviño, ministra socialista, hay que seguir pensándolo mientras sus socios de Podemos creen que no hay excusas conociendo los últimos datos que desde el propio gobierno aseguran algo así como aquel “España va bien” del señor Aznar.


Estamos atentos –ya se empezó a repartir entre las autonomías– a la llegada del maná ¿? De Europa como un auxilio para los que más perdieron y, de forma preferente, para los que nunca tuvieron nada.

Para que esos, los que peor lo tienen, puedan beneficiarse de esas ayudas hace falta que las administraciones, en especial las que están más cerca del ciudadano como los ayuntamientos, dejen atrás la burocracia – hay que veces en que es más difícil recibir ayudas que acertar una primitiva – y se pongan a la tarea a través de asociaciones como Cáritas o las propias asociaciones vecinal que al estar a pie de calle conocen como nadie los auténticos problemas que padecen sus vecinos. Además de todo lo dicho hay que fortalecer los servicios públicos –en primer lugar la sanidad– para que vivir no sea solo sobrevivir. Estás muy bien eso de llegar a ser nonagenario o más. Pero viviendo con dignidad, no sobreviviendo. 

¿Vivir o sobrevivir?