La aldea de Queixeiro recupera el culto en la capilla de San Bartolomé

Una treintena de fieles –el aforo se tuvo que limitar a 30 personas a causa del covid– asistieron a la bendición de la capilla | cedida
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Ayer fue un día de júbilo en la aldea de Queixeiro, en Monfero. La ermita de San Bartolomé volvía a abrir al culto tras diez años cerrada y un arduo trabajo de recuperación por parte de los vecinos del lugar que culminaba ayer con una misa oficiada por el arzobispo de Santiago Julián Barrio. Atrás quedaron tres años de obras que contaron con el soporte del Arzobispado de Santiago y Patrimonio de la Xunta de Galicia para devolver la “salud” a esta pequeña ermita de la Edad Media –la primera referencia escrita con la que se cuenta data del año 1404–.


Tras la bendición de la capilla, a la que pudieron asistir una treintena de devotos –a pesar de la notable afluencia de público durante todo el día al templo–, cumpliendo así la normativa de seguridad por el covid, no faltó la música a cargo de un grupo de gaitas de la zona, encargado de poner la nota festiva al evento. 


“Viñeron moitos devotos de San Bartolomé, xa ao longo de todo o día pero se alguén quedou sen poder entrar ou prefire vir no sucesivo, na aldea quedarán tres chaves da capela para que os veciños e visitantes poidan vela”, explicaba ayer Manuel Bouza, uno de los impulsores de su reconstrucción.


Tres años de trabajo

Las labores de rehabilitación de la capilla comenzaron en 2018. Hubo que derribar la pared frontal y parte de las laterales que se veían afectadas por su estado tras el derrumbe de parte de la cubierta en la primavera de 2014. En esa primera fase se rehabilitaron los muros y se construyó un drenaje. 


Posteriormente se reconstruiría el tejado con la colaboración de la Dirección Xeral de Patrimonio de la Xunta. Además de levantar la estructura del templo se recuperó mobiliario del siglo XVIII, así como las asas de procesionar al santo o el confesionario, también ambos de ese siglo.


“O noso obxectivo agora será a recuperación do retablo do século XVIII no que, tras unhas catas iniciais, se atoparon agochadas unhas pinturas que merece a pena recuperar”, explica Manuel.

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