María Ortega: “Me enamoré del kickboxing y de todos los deportes de contacto”

La ferrolana forma con el Club Juancho Vázquez Trasancos
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María Ortega hace tiempo que perdió la cuenta de las medallas que suma de sus participaciones tanto en Campeonatos de Galicia como de España en kickboxing. Y eso que la integrante del Club Juancho Vázquez Trasancos solo cuenta con 20 años, si bien y como ella misma indica “desde que empecé a entrenar –cuando tenía doce años– ya empecé a competir, a los seis meses ya estaba compitiendo. Todos los años me apunto a todas las categorías en el Gallego y también en el Nacional, si me clasifico, claro”.

Ahora, la deportista local puede colocar en su particular medallero un nuevo metal, ese que hace unas semanas consiguió en la localidad austriaca de Weiz y que la acredita como subcampeona mundial de savate, boxeo francés, en -60 kilos. Una disciplina en la que, como señala esta apasionada por los deportes de contacto –tiene previsto asimismo debutar en boxeo próximamente– “hay más zonas donde está permitido pegar, tanto con pierna como con puño, excepto en la parte de la nuca e ingle”, me explica en relación a las diferencias con el kickboxing.



Primeros pasos


La ferrolana, en un entendible devenir de su carrera deportiva, se adentró en esta disciplina en 2019 y, dos años después, suma su primera medalla mundial. Toda una sorpresa incluso para ella, que como señala “no pensaba para nada cuando empecé que iba a estar en un Mundial. Empecé a ver la disciplina en Galicia, me informé, me formé en cursos de la Federación Internacional y me gustó mucho su espíritu deportivo, es muy bonita la manera que tienen de tratar el deporte, además de su espíritu de confraternización”. Un ambiente que Ortega pudo comprobar de primera mano en la competición austriaca, en la que además de con una medalla regresó con una maleta cargada de conocimientos. “La experiencia que coges en un solo campeonato es como un año de entrenamiento”, comenta todavía con emoción varias semanas después de la cita, “el hecho de poder ver combates con gente de ese nivel, poder competir con esos rivales... es una locura el nivel que adquieres”.

Y eso que, en la final de la cita, Ortega tuvo que vérselas con una rival –una española afincada en Francia– que “me llevaba unos 20 o 30 centímetros de altura. Su pierna era casi del mismo tamaño que yo... y eso complicaba la historia”, recuerda entre risas la ferrolana. Y es que un error a la hora de inscribirla en el peso correcto llevó a que Ortega tuviese que competir en uno superior, a pesar de lo cual tuvo una más que destacada actuación.



Experiencia


Una presencia en un Mundial que, si bien era la primera en esta disciplina, no lo era en lo que a esta competición internacional se refiere, ya que la del Juancho Vázquez Trasancos ya acudió a esta cita en Dublín en 2016, en esa ocasión en kickboxing, por lo que los lógicos nervios por debutar en una prueba de estas características estaban más apaciguados. “La verdad no me sentí nada nerviosa”, señala, “sí que sentía las ganas de ganar, de hacer podio, pero no me sentía nerviosa como cuando fue al de kickboxing. También entonces tenía 15 años y ahora tengo 20, tengo mucha más experiencia a mis espaldas”. Y la que le queda por “cargar”.

Y es que Ortega piensa ya en su próxima clasificación para una cita internacional, tanto en kickboxing como en boxeo francés y, mientras, da clases en un campamento en Santiago, en el que, como señala, “los niños se ponen supercontentos cuando les digo que vamos a hacer kickboxing”, comenta entre risas. Con el ciclo superior en Animación y Actividades Físicas y Deportivas, conocido como Tafad, ya en su currículo, así como el nivel uno de técnico deportivo en boxeo y el dos en kickboxing, sin duda, la ferrolana está segura que haber comenzado hace siete años, en aquellas de clases de kickboxing, los cimientos de lo que está siendo su vida.

Me enamoré del kickboxing y de todos los deportes de contacto. Terminé de decidirme a seguir con esto en Bachillerato, puesto que con el estrés de Segundo no pude casi entrenar. Y, sin embargo, cuando iba a las competiciones me sentía como en casa, era un punto de inflexión, me tranquilizaba, sentía que tenía que estar ahí”, confiesa. Y desde entonces hasta ahora, la ferrolana encaminó sus decisiones para vivir en ese ambiente, en unas disciplinas que, según indica, cada vez cuentan con más visibilidad y con practicantes cada vez más jóvenes.

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