Es lo que hay

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Nos cuentan que el PP, con el presidente del parlamento gallego esperando la llegada de sus compañeros de partido para ganar la votación, impone su mayoría (conseguida en la prórroga 34 contra 33) para la aprobación de la universidad privada de Abanca pese a la disconformidad de los tres rectores de las universidades públicas, así como el órgano consultor de la Xunta que informó negativamente y a pesar de no respetar los criterios de calidad propuesto por el Ministerio.

El digital Diario.com, acaba su información con un “esa universidad solo le gusta a Feijóo”. Fuera de nuestras fronteras el caso asombra, pero aquí recordamos como se produjo la fusión de las dos cajas… Sabemos, él lo dijo, que no es de centro ni de derechas ¿? También dijo que solo se presentgaria dos veces y… Y que presume de “hacer” ¿? Hospitales…sin entender que lo importante son los sanitarios cada día más cabreados y los pacientes, impacientes por los fallos del Sergas.

En los cursos de verano organizados por el PP – y donde acuden a dejar sus proclamas e ideas los pesos pesados del partido (en activo o en el banquillo; esto último puede ser literal– se escuchó la voz de Rajoy que adiestró a la muchachada con ejemplos propios durante su etapa en el gobierno central: recortes en sanidad, educación, ley de dependencia, etc.

Se olvidó lo de los chiringuito como el penúltimo pelotazo del señor Cantó en la comunidad madrileña donde la libertad está en el consumo de la cerveza.

Y nos llega la dosis de cada día en torno a la Kitchen, la cocina infernal donde el PP cocinó buena parte de sus negocios sucios: un informe de la UDEF (la policía que asume la investigación de las actividades delictivas de ámbito nacional e internacional en materia de delincuencia económica y fiscal) descubre el “modus operandi”: Villarejo rendía cuentas a Mariano Rajoy mientras el ex comisario Gómez Gordo se comunicaba con Cospedal y el secretario de Estado de Seguridad, Francisco Martínez, rendía cuentas a Sáez de Santamaría. ¡Que banda, oiga!

Añadan el bloqueo del PP a la renovación de órganos judiciales (ya son cuatro los órganos a renovar) y que ahora lastran al Tribunal de Garantías. Por cierto: el Tribunal Constitucional aún no dio, aún y hace años que lo tiene en estudio, su opinión sobre la ley del aborto, lo que confirma su escasa diligencia para resolver asuntos de vital importancia para la ciudadanía. Esto es lo que hay, que no es bueno.

Es lo que hay