La palabra de Sánchez

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En el Pleno del Congreso en el que compareció para justificar los indultos concedidos a los políticos catalanes condenados por sedición, Pedro Sánchez se comprometió a que nunca habría un referéndum de autodeterminación convocado al margen del procedimiento establecido en la Constitución.


Dijo también que el PSOE “nunca jamás lo aceptará”. Suena bien, pero dada la trayectoria mutante de la palabra del presidente del Gobierno, el valor de semejante afirmación está en entredicho. Porque el problema de Pedro Sánchez es el valor de la palabra de Pedro Sánchez.


No hace mucho defendía con convicción que los golpistas debían cumplir las penas hasta el último día de sus respectivas condenas –eran vísperas de elecciones– y ahora defiende los indultos con parecida firmeza. La sinceridad es valor poco cotizado en la política, priman otras consideraciones amparadas en las exigencias de la “realpolitik”, pero una cosa es la ambigüedad como habilidad clave para justificar posibles cambios de opinión y otra es tener fama de veleta.


El valor de la palabra de un político es un activo fundamental y no es algo de lo que pueda presumir Pedro Sánchez. De ahí las dudas que ensombrecen una afirmación tan tajante como la expresada en relación con el asunto del referéndum.


Exigencia renovada por cierto esta misma semana por el presidente de la Generalidad Pere Aragonès, tras su encuentro en La Moncloa con Pedro Sánchez.


Aragonès salió de la reunión diciendo en rueda de prensa que habían hablado de la amnistía y del referéndum mientras que la portavoz del Gobierno (María Jesús Montero) negaba que hubieran tratado estos temas. ¿A quién creer? Dada la personalidad del presidente del Gobierno no resulta difícil allegar una conclusión .


La facilidad con la que Pedro Sánchez cambia de idea u opta por decir lo contrario de lo que venía proclamando es tan habitual que contamina sus discursos y devalúa el valor de sus declaraciones.


Ha dicho que nunca jamás apoyará un referéndum en Cataluña. ¿Pensará y dirá lo mismo pasado mañana? Ahí está el problema, en las dudas que suscita la vigencia de sus palabras.

La palabra de Sánchez