Luz verde

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La Televisión de Galicia, con la colaboración de la Guardia Civil de Tráfico, comenzó a emitir hace un par de semanas un programa divulgativo titulado Luz Verde. Uno de sus primeros capítulos estuvo dedicado al problema generado por quienes conducen drogados. Por desgracia, últimamente hemos podido comprobar las trágicas consecuencias de ese comportamiento, con la muerte y atropello de varios ciclistas. Aunque ya se sabía, el control más amplio y riguroso, similar al que se venía haciendo con el tema de la alcoholemia, ha puesto de manifiesto que son muchos los conductores que se ponen al volante después de haber consumido todo tipo de drogas.
Desde luego es necesario valorar muy positivamente tanto la iniciativa divulgativa de la televisión gallega como la labor de los agentes de tráfico. Pero también es necesario reseñar que la drogadicción, por sí misma, es una de las consecuencias de la falta de educación, madurez y sentido común que caracteriza muchos de nuestros comportamientos sociales.
Por suerte los de mi generación, nacidos en torno al año 1950, que tuvimos muchas otras carencias y problemas, pasamos nuestra adolescencia y gran parte de nuestra juventud ajenos al mundo de las drogas. Entre otras cosas porque, en aquella época, ese mundo todavía no se había desarrollado en España; como sí ocurrió inmediatamente después. Fue a partir de los años setenta, cuando el consumo de drogas se convirtió en uno de los mayores problemas de las sociedades modernas, incluida por supuesto la nuestra, arruinando muchas vidas y familias.
Mientras productores y traficantes creaban sus grandes organizaciones y se forraban, la droga se fue adueñando de muchos ámbitos sociales, empezando por los más vulnerables pero extendiéndose sin parar por todo tipo de ambientes y clases. En realidad, se fue enseñoreando de una sociedad cada vez más permisiva, hastiada y sin valores. En muchos círculos, sobre todo los llamados progres, que suelen ver este tipo de problemas con cierta simpatía, pues contribuyen a esa degradación humana que ellos confunden con los auténticos ideales de libertad y de progreso,  el tema de las drogas llegó a estar bien visto. De modo similar a otras bajezas y depravaciones, que solo cuando ya han hecho todo el daño posible, se intenta, eso sí tarde, ponerles remedio.
Al final los test de drogas en las carreteras vienen a ser un termómetro más para medir la falta de  responsabilidad y de respeto así mismo y a los demás de tantos y tantos conductores. Los síntomas de una sociedad enferma se hacen evidentes, incluso aunque muchos no quieran reconocer la diferencia entre lo normal y lo anormal, lo moral y lo amoral.

Luz verde