El peso de España

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Amsterdam fue elegida como futura sede de la Agencia Europea del Medicamento (EMA, por sus siglas en inglés), en un proceso sin opciones para Barcelona. 
Es verdad que la situación política no ayudaba en absoluto para competir en el mercadeo de localización de las Instituciones europeas, y parecía complicado reclamar la mudanza a la capital catalana  de una Agencia Europea afectada por el Brexit, cuando importantes entidades de Cataluña daban el portazo y deslocalizaban de ella sus sedes. Pero todos los políticos conocían, desde hace tiempo, que había más razones para la elección holandesa.
 Desde facilidades de comunicación aeroportuaria, pasando por incentivos fiscales, albergar la sede en un edificio público y no privado como en Barcelona, la inversión en I+D del país, la calidad universitaria holandesa en el campo médico, el número de instituciones europeas en Amsterdam asociadas a la EMA o el peso de la inversión en biotecnología, hasta la predilección del 80% de su plantilla por la ciudad holandesa.
Por eso, es oportuno reflexionar sobre la pérdida de peso político de España en la Unión Europea. Nada es casual.
La geografía política resultante de la Gran Guerra puso la puntilla a cuatro siglos de poder territorial español en el mundo, ya escaso a fines del siglo XIX. 
No es hasta la incorporación a la UE, ochenta años después, cuando empieza a cambiar algo la presencia española por el empeño de Felipe González, primero, y la de José María Aznar, más tarde, si bien es cierto que con orientaciones diferentes. González volcado en Europa y Latinoamérica; Aznar, apostando por el eje transatlántico, el Trío de las Azores. 
Todo esto se plasmó en la aportación española a la construcción europea, la Secretaría General de la OTAN,  la Presidencia del FMI o formar parte del Consejo de Gobierno del BCE.
Lejos de la aportación de González y Aznar, actualmente, Mariano Rajoy no muestra gran entusiasmo por la política europea e internacional. 
Necesitamos tomar conciencia de la importancia de participar activamente en la Instituciones europeas y en la política internacional, especialmente, en este momento de alumbramiento de un mundo nuevo que nada se parecerá al conocido. 
Hoy en día, la influencia internacional  no se hace a capa y espada, sino aportando conocimiento tecnológico, buenas infraestructuras que faciliten las comunicaciones o formando un capital humano capaz. Que nos sirva de ejemplo la Agencia Europea del Medicamento.
ramonveloso@ramonveloso.com

 

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