La hispanofobia y los tiranos neonacionalismos

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La hispanofobia galopante que procede de los tres principales bloques independentistas, dentro nuestro estado, generan una división interna que transciende al hecho de la convivencia, al conflicto político, y únicamente deviene de un problemas administrativo territorial, sólo deseoso por alcanzar beneficios fiscales, con diferentes derechos y obligaciones frente al resto de los ciudadanos españoles.

El fenómeno nacionalista (nazi), tiene una conocida serie de señas de identidad: un idioma, un territorio, un tirano antisistema democrático, una fuerza de choque (camisas pardas o, encapuchados de negro y embozados, o kale borroka, o lucha en la calle, etc. generalmente calificados como terroristas), y un enemigo común, al que culpabilizar de todos los males y frustraciones de la sociedad.

Durante casi cuarenta años, de la actual democracia, adoctrinaron a fuego lento este devenir de la hispanofobia contra el idioma español, fácil adoctrinamiento apoyados en la externa diplomacia de la leyenda negra, que hemos asimilado como propia historiografía. Primero, en las instituciones territoriales (donde pudo instalarse el origen de esta hispanofobia), y en donde se decretó la cooficialidad de lenguas. Lenguas, por cierto, algunas pendientes de normalizar, por otra nueva inventada para la ocasión, pues eran muchas las diferencias morfológicas existentes entre varias de sus provincias, y en otras, por su primitivo escaso vocabulario, y en otras, por muchos intereses puramente editoriales.

Nunca estuve en contra del conocimiento y difusión de las lenguas vernáculas, para que sumen culturalmente. Pero la cultura no se impone por ley, y por ello, si estoy en contra de lo políticamente tiránico, y la irracional manipulación de las ovejas. Mi abuela, por ejemplo, gallego parlante, no entendía las películas en gallego normativo, a la misma que le costaba el español sin caer en alguna geada, y que para colmo se apellidaba Galego. Una aberración en contra de aquellos a los que, supuestamente se pretendían liberarla del yugo del idioma español. Pero a estos políticos, no les importó sacrificar a los verdaderos gallegos parlantes, a favor de un nuevo e interesado adoctrinamiento político inquisitorial.

Por el potencial de comunicación, y en consecuencia de lo económico, es fundamental el idioma. La Gran Bretaña con su idioma alcanzó un magnífico imperio, incluso contando con muchos países que a pesar de hablar inglés nunca formarán parte de esa GB. Si en un mañana próximo, gracias al buen hacer diplomático anglosajón, por el hecho de que el primer idioma en España resulte el inglés, no nos va a constituir en un estado de la GB, por mucho que colaboremos en potenciar lo suyo. Y, sin embargo, ni gracias a la leyenda negra que pesa sobre lo que significa España, escrita por franceses e ingleses y, también por algunos políticos españoles interesados en difundirla, fomentado la ignorancia de nuestra verdadera historia llena de errores y aciertos, y por mucho que se empeñen en ese intento, en despreciar lo nuestro, podrán ser capaces de lograr eliminar el español como idioma en el resto del mundo.

Es acaso éste, el precio que tenemos que pagar peleándonos en un interminable guerra civilismo interno, potenciado desde fuera por los que conocen nuestra visceral predisposición a la pelea cainita, muy bien coreada por el periodismo de la actual prensa del neo movimiento antisistema, partidario de crear las condiciones necesarias para liarla parda. Estamos en un proceso que ya nadie considera que vuelva, como fue la pasada revolución industrial. Estamos en la revolución de la Era Digital y, de la globalización de una economía financiera de casino, con otros futuros riesgos para los trabajadores: desempleo generalizado, empleo precario para muchos y, la mucha más riqueza para unos pocos, con la desaparición de la clase media estabilizadora, y una inteligencia artificial que no necesitará mano de obra…y todavía, tener que soportar el humo de estas guerras nazis independentistas rancias, adornadas con etiquetas de un nuevo tiempo de progreso, sin duda, resultará insoportable para pocas almas ideológicamente puras de ciertos partidos, ante semejante manipulación por sus líderes de la realidad.

El español se habla por 560 millones de personas como lengua materna y, al mismo tiempo ignorando esta realidad, pretender que en las escuelas por ley o, por imposición hispanofóbica, se consideren las lenguas maternas, la prioridad decidida por pequeños conatos de nazis, tratando de anular el español en España, lo considero una anomalía política y económica. No pretendo ignorar el deseo noble de mantener las lenguas vernáculas como una suma cultural, pero nunca argumentando la hispanofobia, a favor de trabajar para el inglés de forma gratuita. Espero, que cuando la GB salga de Europa, al menos todos nuestros eurodiputados pidan que, el inglés salga también como idioma oficial de la Unión Europea, y sea sustituido por el español, todavía ausente allí al nivel de la prioridad e importancia que tienen el idioma alemán y el francés.

La hispanofobia y los tiranos neonacionalismos