A perro flaco...

|

El viejo dicho “a perro flaco todas son pulgas” parece hacerse realidad en el Puerto Exterior de Punta Langosteira. Hace algunos años, la violencia de los temporales invernales dañó parte de la construcción realizada; después se cayó una de las grúas gigantes; en 2011 tuvo problemas de financiación hasta que se autorizó un crédito de 250 millones para poder continuar la obra...
Y ahora que esta gran infraestructura presenta un aspecto lozano -aunque está sin acabar- resulta que no va a ser el puerto de embarque del casco del buque “Adelaide” construido en Navantia, que será remolcado desde Ferrol hasta la ría de Vigo para ser cargado en aquellas aguas más pacíficas en el semisumergible “Blue Marlin” que lo trasladará a Australia.
¿Cómo explicar que esta operación no se lleve a cabo en el Puerto Exterior que está a 19 millas de Ferrol y vaya a realizarse en Vigo, a 145 millas de distancia? ¿Qué está fallando en la dársena coruñesa para que la Ría de Vigo le arrebate este transporte especial de Navantia? Esto mismo es lo que pregunta la agrupación socialista de la ciudad al alcalde Negreira al que exigen explicaciones sobre la seguridad de las instalaciones y las garantías de futuro, porque la decisión de Navantia  “supone un grave precedente para la operatividad de Langosteira”.
Pero la pregunta deberían dirigirla a sus colegas socialistas que gobernaban la ciudad hace unos años cuando presentaron el proyecto del puerto exterior con gran emoción. De él y de la privatización-liberación de parte de las instalaciones del viejo puerto dijeron que se derivarían grandes beneficios económicos para la ciudad y para Galicia y justificaron la elección de Punta Langosteira para su ubicación con una gran maqueta que simulaba las batidas del mar océano en la zona, que la infraestructura resistiría con solvencia.
Pero aquella emoción de los políticos nunca fue compartida por los técnicos. Expertos en ingeniería hablaban de la gran complejidad técnica y de las enormes dificultades de una obra ubicada en una zona de mar bravío, un lugar inadecuado que no gozaría de aguas tranquilas y estaría inoperativo varios días al año.   Todo indica que en la gestación del Puerto Exterior en el fragor del desastre del Prestige se impuso la ligereza y las prisas de los políticos frente al rigor de los técnicos. Seguramente en la mala ubicación de la terminal encontrará el Grupo Socialista coruñés las explicaciones que demanda al alcalde. Ojalá que la costosísima inversión resulte útil para Galicia y A Coruña.

A perro flaco...