TENEMOS UN PROBLEMA

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Como tenían los astronautas del Apolo XIII, que detectaron un fallo en el panel de control de la nave y llamaron a Houston para dar cuenta del incidente imprevisto que solucionaron de inmediato. Pero el problema que tiene la sociedad española ni es nuevo, ni imprevisto, como ocurrió en la nave espacial. Es el comportamiento indecente de muchos políticos en la gestión de los asuntos públicos que se viene arrastrando desde hace tiempo.

Últimamente ese problema se reproduce con fuerza y genera un grado de desafección política cada día mayor que los ciudadanos manifiestan con claridad en todos los estudios demoscópicos y expresan con más crudeza en la calle con expresiones tales como “no nos representan, son todos iguales, no los votes o rodea el Congreso”, que ponen en cuestión todo el modelo democrático hasta reclamar un período constituyente.

Tanta desafección y rechazo encendieron todas las alarmas y el Gobierno encargó al profesor Benigno Pandás, director del Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, una estrategia para lavar la imagen de los políticos, reconciliarlos con los ciudadanos y frenar el sentimiento de desconfianza en las instituciones gobernadas por ellos, que también están en caída libre. No lo tiene fácil el profesr Pandás y no se sabe qué estrategias y actuaciones propondrá. Pero presiento que entre ellas incluirá dos acciones fácilmente realizables para que los políticos y el oficio de la política recuperen el prestigio perdido y la reconciliación con la ciudadanía.

La primera acción incluye más control democrático a los dirigentes y cargos públicos de los propios partidos –Esperanza Aguirre habla de un fiscal en cada formación política–, de la oposición y de la justicia y aquel que se extralimite que sea apartado de todos sus cargos para siempre y que caiga sobre él todo el rigor de la ley.

La segunda acción debería ser de obligado cumplimiento: que los políticos se reúnan periódicamente con sus electores, incluidos los indignados. Para escuchar los problemas de la circunscripción a la que representan y para oír la opinión que tienen de ellos sus representados, que seguro no se cortarán un pelo a la hora de evaluar su paso por la política.

Por ahí puede llegar la nueva sintonía de los ciudadanos con la clase política. Que es necesaria, porque los políticos son una de las patas del entramado democrático y la sociedad los necesita capacitados, trabajadores y honestos, porque más que un problema, tienen que ser la solución. También en tiempos de crisis.

TENEMOS UN PROBLEMA