HIMNO GALEGO

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Era el 20 de diciembre de un lejano 1907- hace ahora 108 años- cuando el Centro Gallego de La Habana, una de las mayores asociaciones de emigrantes del mundo en aquel tiempo, se engalanaba para llevar a cabo un acto singular, respondiendo al sentido de ausencia, de morriña, de pérdida de la patria de tantos y tantos gallegos que se fueron buscando mejor fortuna en el país caribeño. 
Con un teatro hasta la bandera, la música de la célebre “Alborada” de Veiga –todavía hoy vigente y fuente de inspiración de los creadores contemporáneos–, la de “Unha noite na eira do trigo” o el “Adiós a Mariquiña”, interpretadas por María Giúdice, embriagaban de emoción a aquellos gallegos que dejaran atrás su tierra querida y que buscaban en la música aquello que los identificaba como colectividad, como pueblo, como nación.
Fue el intelectual y galleguista ferrolano Fontenla Leal, el artífice que hizo posible que en ese día tan singular se estrenasen la música y los versos que iban a configurar nuestro Himno de Galicia. Cuatro estrofas escritas por “O bardo de Bergantiños”, Emilio Pondal, uno de los mayores exponentes do Rexurdimento Galego, procedentes de su poema “Os pinos”, musicados por el propio Pascual Veiga, que descansa actualmente en el cementerio de su Mondoñedo natal bajo un monumento y sepulcro sufragados precisamente por los gallegos de la emigración,  se pronunciaron poderosos aquel día, en un canto que quería ser el camino hacia la libertad del pueblo gallego: “la voz de los rumorosos pinos del hogar y la nación de Breogán”.
Desde este estreno en 1907, esa música, esos versos han pasado por muchas vicisitudes. Desde su prohibición absoluta hasta la permisividad total  y constituirse como Himno oficial de nuestra comunidad autónoma.
Estas líneas de hoy quieren recordar aquel momento histórico en la Habana, ese momento en que los hijos de Galicia se vieron obligados a abandonar su patria llevándola como bandera por el mundo entero…. “Desperta do teu sono/ fogar de Breogán”.
 

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