Las estrategias de defensa de Rocío Monasterio

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Estrategia de defensa número uno: hacerse el tonto. O el desmemoriado, que, en según qué contexto, viene a ser lo mismo. Porque una cosa es que uno no sepa qué comió hace 37 días y otra muy distinta, no recordar en qué año legalizó su situación laboral.

La presidenta de Vox en Madrid, Rocío Monasterio, firmó planos de arquitectura seis años antes de tener la titulación necesaria para hacerlo. En colaboración con su esposo, Iván Espinosa de los Monteros –también dirigente de Vox–, vendió algunos de estos proyectos, presumiblemente sin solicitar la licencia de obra ni la cédula de habitabilidad. Diez años después están bajo sospecha municipal.

Ahora que se ha destapado el escándalo –otro más, después de que se descubriese que el propio estudio de arquitectura de Monasterio no tenía licencia o de que su esposo fuese condenado por impago de parte de unas obras–, la primera respuesta es que no sabe si en el año 2003 era arquitecta, pone cara de “yo no fui” y aquí no ha pasado nada.

Parece que esa es su actitud ante todo: no pasa nada si me salto las normas, no pasa nada si engaño para conseguir un beneficio, no pasa nada si actúo como si estuviera por encima del bien y del mal. Y esto es preocupante más allá del ámbito profesional. Porque una persona cuyo comportamiento demuestra el desprecio a la ley –dentro de su partido deberían revisar su código de buenas prácticas– difícilmente puede legislar.

Recuperada la memoria, estrategia de defensa número dos: un buen ataque. Principalmente a la prensa “de izquierdas”, a la que acusa de pagar a sus empleados para que hablen mal de ella. Dice ahora que sí firmó planos, pero que no necesitaba estar titulada para hacerlo. Otros expertos aseguran que no está permitido bajo ningún concepto firmar proyectos de arquitectura sin tener el título. Quizá la ley no es la misma para todos.

Las estrategias de defensa de Rocío Monasterio