CHAGALL Y LUGRÍS DENTRO DE LA CORRIENTE PICTÓRICA ANTIMODERNA

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Marc Chagall es el pintor más representativo de esta corriente cuyo concepto ha sido elaborado por autores tan relevantes como Alfred J. Barr, y por críticos como Clement Greenberg, para quienes la obra moderna por excelencia era la pintura abstracta.
Una nota característica del movimiento antimoderno radica en que a pesar del entusiasmo que despertaban en todos los menos expertos, sin embargo no tienen en la Historia del Arte Moderno el papel destacado que merecerían.
La admiración que despertaban en todo el mundo obedece principalmente a la belleza de sus obras y al carácter figurativo de las mismas.
Chagall nació en 1827 en la ciudad bielorrusa de Vitebsk. Como judío fue autorizado en 1906 para vivir en San Petesburgo que era, entonces, el centro de la cultura rusa, lo que dio lugar a que en cuadros de 1910 como “La boda rusa” o “Mujer con ramo de flores” reflejen los elementos esenciales de su personalidad como las referencias locales y el protagonismo del color.
El carácter cubista de sus cuadros se manifiesta, principalmente, en “Yo en la aldea” y en otro de gran importancia, “El poeta” (1911). Uno de los cuadros más conocido de Chagall es  “El cumpleaños” basado en su boda en 1914 en el que se testimonia el carácter de sus sentimientos. De su etapa en Rusia cabe destacar “La campesina”, donde se ven claramente los campos de color.
En el año 1923 viaja a París y a partir de 1924 comienza el éxito de su carrera, siendo fruto de esta época alguna de sus obras maestras como “La crucifixión blanca”, “La impugnación” y sus primeros ciclos de temas bíblicos. Será entonces descubierto por los surrealistas como uno de sus grandes precursores, hasta el punto que de él  llegará a escribir Breton: “Solo gracias a él pudo la metáfora retornar triunfante a la pintura moderna”.
Durante la 2º Guerra Mundial  decide trasladarse a Estados Unidos, donde residirá hasta 1948. De estos años quedan sus cuadros más previsibles y rutinarios.
Podemos concluir diciendo que Chagall, como escribió Jean Michael Foray, es el pintor de la alegoría, lo que el arte moderno, desde Manet no había hecho otra cosa que reprimir. La posición de Chagall pasa así a ser tan singular como marginal en cuanto se mantiene como un disidente de una de las líneas maestras del desarrollo del lenguaje pictórico. Chagall es  un antimoderno, lo cual deviene de ese excesivo sentido de sus cuadros, del  carácter inminentemente narrativo de los mismos.
Urbano Lugrís, a pesar de ser un pintor quizás poco conocido, fue uno de los más sobresalientes pintores gallegos, la temática de la tierra gallega predominó siempre en sus cuadros, llenos de leyendas celtas, figuras gallegas y sobre todo de paisajes de Galicia.
En 1930 se traslada a Madrid. Al iniciarse la República se identifica con la juventud intelectual de una  época en la que conoce y traba amistad con Dieste, Federico Garcia Lorca y Rafael Alberti.
Años más tarde regresará a  Galicia, donde en 1954 funda  la revista Atlántida,  junto a  Mariano Tudela y José María de Labra, gran aventura cultural gallega,  en la que participa activamente realizando artículos y poesías, además de numerosas ilustraciones y diseñando la cabecera de la portada. En esta época recibió numerosos encargos privados que han dejado una importante impronta en la ciudad.
La vasta obra de este autor abarcó varias facetas artísticas: dibujo, pintura, murales, ilustraciones de libros, poesía, teatro e incluso arquitectura.
Hacia la década de los 60 y 70 la pintura de Lugrís va evolucionando acorde con la tendencia de los tiempos. La muerte de su esposa Paula en 1961 marcó profundamente a este pintor. Esta desaparición sume a Lugrís en profunda depresión, en una etapa de soledad y proyectos fracasados o incompletos, a pesar de lo cual Lugrís  no abandonó totalmente  la pintura, y siguió produciendo obras en su mismo estilo onírico y de ensueño.
La obra de este genial autor tiene algo de fantástico y enigmático que cautiva al espectador. Fue valorada tardíamente. Se incorporó tarde a la corriente surrealista a la que se habían anticipado Cándido Fernández Mazas y Eugenio Fernández Granell (encuadrado dentro de la corriente antimoderna).
Entre sus obras destacan “La fiesta”, “Paisaje nocturno”, “Paisaje en las islas Cíes”, “Vista de Vigo”, “San Telmo” o “Fantasía marinera”.
En 1948 Ferrín escribe: “Lugrís…como Chagall, pertenece a aquella raza de pintores que abren vías para seguir imaginando, a lo mejor una vida entera, la historia que empieza, si cuadra en la esquina de cualquier pintura aparentemente plana”.
La época que estamos examinando ha sido calificada por algunos autores como “el fin del arte” por hallarse desligada de la corriente que ha seguido el movimiento artístico a través de los tiempos, caracterizándose por una diversidad de corrientes que dan lugar a un arte pictórico en el que todo vale.

CHAGALL Y LUGRÍS DENTRO DE LA CORRIENTE PICTÓRICA ANTIMODERNA