“The Waste Land”

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l grado de deterioro de un solo hombre expuesto a una realidad concreta debería ser suficiente para establecer la naturaleza de esa realidad y su efecto sobre el conjunto.
Pongo la medida en el seráfico Simón, no el del juego, sino el del oráculo de Sánchez, el dicente, aunque parezca el otro,  porque en estos aciagos días y los venideros vamos a tener que hacer conforme diga Simón, que para eso lo pusieron ahí, para estar y decir como experto que es lo que debemos oír. 
Simón dice, y no dice, y no lo hace ni bien ni mal, porque no hay elección, y como es así, si no haces lo que diga Simón, enfermas o se te sanciona, o ambas cosas, lo de expulsarte del juego entra ya dentro de los posibles e imposibles de tu naturaleza en discusión con el virus. Pero no quiero hablar de lo que dice, sino de su deterioro, de esa deriva en la íntima esencia de su luz hacia la gama de grises, tanto que va camino de oscurecer, de eclipsarse como cualquier astro de necesidad de los que asisten nuestro universo.
Verlo y calibrar en él el impacto de la pandemia nos debería advertir de la virulencia de la enfermedad y sus funestos efectos, pero no es esa la bestia que lo está borrando de la faz de la luz, es el exceso de exposición mediática, la infame presión del gobierno y la oposición, y lo que le hacen decir y le dicen. Mientras, él, abril de bondad, aún privado de la fotosíntesis y ya al filo de la primavera, le florecen, por miles, los muertos.

“The Waste Land”