EL TODO Y LA PARTE

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Un día del mes de abril, el corresponsal de “The Guardian” al ver el tipo de interés de los bonos españoles a diez años situado en el 6,1 por ciento y otros indicadores económicos titulaba su columna “España se asoma al abismo económico”. Aunque el todo, España, incluye a la parte, Galicia, sería muy fuerte decir que nuestra comunidad autónoma camina hacia el abismo, pero sí que tiene, entre otras, dos debilidades profundas y peligrosas que se desprende de dos cifras conocidas el pasado viernes, cuya fuerza y expresividad alteran la mente más sosegada.

Hay que preguntarse si tiene futuro la Galicia real que fabrica parados y exporta jóvenes bien formados, y la Galicia de los pensionistas, subsidiada y dependiente

La primera es la del paro, que sigue subiendo y supera todas las previsiones. Según la Encuesta de Población Activa hay en Galicia 265.000 personas paradas que tienen dificultades para sobrevivir, no pueden emprender un proyecto vital y luchan consigo mismas para no contagiar su desánimo y su angustia a los hijos, a su familia, a su entorno. Con ser dramáticas las cifras, es peor aún la falta de perspectivas para cortar esta sangría porque las previsiones del propio Gobierno anuncian que la tasa de paro repuntará y será superior en 2015, al final de la legislatura. Naturalmente, a Galicia le tocará su parte.

La segunda cifra la publicaba “La Voz de Galicia” con un titular muy llamativo: “Galicia ya tiene 64.000 pensionistas y parados más que trabajadores”. El desajuste comenzó en 2010 con una diferencia de 12.000 personas y en menos de año y medio se multiplicó por más de cinco hasta alcanzar la cifra citada, que ya es mayor después del aumento del paro, y significa que, a día de hoy, los ingresos por cotizaciones de los trabajadores gallegos no llegan para pagar la mitad de las pensiones.

Son dos cifras tremendas que reflejan enormes desequilibrios económico-laborales, demográficos y sociales que llevan a preguntar si tiene algún futuro esta Galicia real, la que fabrica decenas de miles de parados y exporta jóvenes bien formados, y la Galicia de los pensionistas, un país subsidiado y dependiente de la caja social nacional.

Con este panorama, parece llegada la hora de aplicar soluciones antes que buscar culpables y los dirigentes políticos –el Gobierno y la oposición–, empresariales y sindicales sabrán qué se puede hacer para revertir la situación, insoportable para la estabilidad económica y social. Entre todos pueden hacer algo más que imponer austeridad o lanzarse mensajes y dardos envenenados desde las tribunas mediáticas y parlamentaria.

 

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