¿Y ahora qué?

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Tardarán en curarse las heridas provocadas por el desgarrador Comité Federal del sábado pasado pero al PSOE no le queda otra que apechugar y afrontar cómo garantizar la gobernabilidad de España y refundar el Partido. De él depende el desbloqueo inmediato de la crisis política actual a la vez que recomponerse haciendo de la necesidad virtud ya que esta crisis mostró la importancia de los socialistas, no sólo para los cerca de seis millones de  ciudadanos que todavía le votaron, sino también para el funcionamiento normal de las instituciones democráticas, recordando que gobierna en siete Comunidades Autónomas, en tres  de la cuales es la lista más votada, o que tiene casi un tercio de las alcaldías de Galicia.
Pero en esta crítica situación, el oportunista Podemos pretende ocupar su espacio político  amenazando con quitarle los apoyos donde gobierna con su soporte, fruto de una concepción militar  de la política, de invasión,  de vencedores y vencidos, no de consenso y acuerdo, con la misma idea que fagocitó a lU aprovechando su penúltimo intento para sobrevivir, e intenta hacerlo ahora con el PSOE. Aunque es bueno recordar que, conjuntamente con el PP, impidió la investidura del candidato Sánchez a la Presidencias del Gobierno.
Ahora bien, si convenimos que sería un desastre para el país un vacío político entre los conservadores-liberales y los podemitas, urge que el PSOE recupere un liderazgo fuerte con un proyecto autónomo, a la vez que coordinado con la socialdemocracia europea para proponer soluciones a los problemas comunes que aquejan al continente. Y en el ámbito organizativo, arbitrar la dualidad actual entre elección por primarias de los secretarios generales y candidatos institucionales con la elección indirecta de los otros órganos de  dirección.
Pero lo primero es lo primero. Este mes tiene por delante un importante debate interno para consensuar una propuesta política de cómo solventar la gobernabilidad teniendo en cuenta las necesidades del país y, claro está, sopesar las consecuencias de unas terceras elecciones tanto para España como para el propio Partido Socialista.
 

¿Y ahora qué?