FERROL Y LAS CONCIENCIAS

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En el momento en que escribo estas palabras,  y quizás también cuando las mismas vean la luz en el Diario de Ferrol, estamos pendientes de la confirmación de otro contrato histórico para nuestros astilleros que –ya sonaron las primeras voces– supone un cargo de conciencia para algunas organizaciones y políticos.
Comentan estas y estos, con estupor, su temor a la utilización de estos buques por su potencial comprador. En la situación  en que nos encontramos y conociendo la considerable actividad exportadora de España en el sector del armamento, no dejan de sorprender estas declaraciones.
Todos sabemos que una de las razones  de existir de nuestra ciudad es la construcción naval militar y también todos sabemos los usos de un buque de guerra, que no son más que defender los intereses del país que lo incorpora a su Armada.
Atendiendo a estos argumentos, no se entiende que estas mismas corrientes de opinión –a no ser puramente populistas– no pongan ninguna objeción a que desde hace años se le compra petróleo a este mismo país; da la sensación que la ética, a la hora de medir  la actividad de nuestros astilleros, cambia cuando se trata de la de nuestras multinacionales del petróleo y sus refinerías. De cualquier forma –dejémonos de complejos– en el caso de no hacer aquí estos buques, con el dinero que se le paga al comprador por su “oro negro” encargarán los mismos a otros estados con conciencias más relajadas  y todos   contentos pues al fin y al cabo el desempleo se sufre donde siempre.
Volviendo a nuestra particular situación, recordarla, vendría bien para que estas y estos, organizaciones y políticos,  objetores de conciencia miren también para este lado: su propio país.
En un Estado donde la media de desempleo está en el 20,9 %, Galicia tiene el privilegio de rondar el 17. Si continuamos reduciendo el territorio, en nuestra provincia dos de las tres ciudades están en el 14%. En Ferrol se bate el lamentable record del 28. El año pasado el desempleo disminuyó en el conjunto de la sociedad gallega el 3%, aquí aumento el 4.
Observando   la tasa de ocupación  la media autonómica está en el 53,3%; por poblaciones, Santiago en el 54,1, Lugo en el 51,5 y nuestra ciudad vuelve a “niveles de record “el 34%. Sin duda fruto de los sucesivos “exitosos” planes de reconversión industrial y el “mirar para otro lado” a lo largo de los años de muchos de nuestros representantes políticos y Administraciones Autonómica y Estatal.
Para acabar de evaluar la situación, algunos datos interesantes: la única ciudad huérfana en servicios públicos como Justicia, la última en estar comunicada por autopista y con unas vías férreas “sin tocar” desde su construcción hace más de cien años.
Este verdadero “agujero negro” en que nos encontramos, paradójicamente,  no despierta malas conciencias en esas mismas organizaciones y políticos.
El precio del crudo y nuestra esperpéntica situación política, no apoyan el cierre del famoso contrato, aunque una vez más seamos optimistas y pensemos, si no ha sucedido ya, que el negocio llegué a buen fin; aun gobierne quien gobierne nuestros destinos futuros y conciencias y esperando un reparto razonable  del trabajo con los astilleros del Sur.
De llegar a esta situación estaríamos en un cambio de ciclo -esta vez a mejor-  uno más en nuestra recurrente historia de montaña rusa.
A los actuales pedidos de eólica marina, flotel y buque  militar, darían continuidad estos cinco, los dos posibles australianos y las nuevas  unidades para nuestra Armada. Un nuevo ciclo de crecimiento, de más de una década.
Teniendo en cuenta que la situación de partida es  más positiva que otras anteriores: potenciación de cruceros e industria turística en general, Puerto comercial puntero, Terminal de contenedores, abastecimiento de gas como combustible naval, la todavía apreciable presencia de la Armada, Campus Universitario enfocado al sector industrial, un “saber hacer” basado en siglos de experiencia,  suelo empresarial  disponible y comunicación por autopista.  Son muchos argumentos a favor para poder romper nuestros clásicos ciclos y planificar definitivamente una sería diversificación de los sectores productivos.
 Una vez más la hábil gestión de nuestros representantes públicos será la clave para cambiar el futuro, independientemente de su  tendencia política y sus conciencias e independientemente de un pasado de transigencia total de prácticamente todos los que han tenido en sus manos el timón de la nave ferrolana.

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