Blázquez, ¿una esperanza?

|

Habemus presidente de nuestra Conferencia Episcopal y de acuerdo con el guión previsto. Nadie dudaba de que Monseñor Blázquez sería el elegido.
Ya fue presidente entre dos mandatos de Rouco y se lo debían; al finalizar su periodo anterior y postularse  de nuevo  Rouco, no salió reelegido; era la primera vez que un presidente de la CEE no renovaba cargo en su segunda etapa.
Pero bueno, pocos nos estrañamos y tengo la impresión de que Blázquez se prestó al juego. No quiero pensar que Rouco lo traicionase. El caso es que comienza otra época y a quien llega al cargo hay que darle la oportunidad y apoyo necesario.
Don Ricardo, permítame decirle, tiene Vd. un gran reto: recuperar el terreno que ha perdido la Iglesia Española. Los asuntos que están en la mesa son muchos y complejos; para resolverlos necesitará valentía, firmeza, contundencia y prontitud eclesial. Importantes y desagradables sucesos ante los que la Iglesia no debe de estar callada.
La burocracia sigue estando por encima de los ciudadanos. El fallecimiento de la niña Anne por discusiones territoriales-administrativas y la inmigración africana son cuestiones por los que la CEE debe pronunciarse; y no menos por las importantes desigualdades que ha provocado la crisis económica. Sin olvidar la corrupción política y el triste estado de bastantes Diócesis.
Usted ha de ser el protagonista del cambio, no sea una mala copia de lo anterior. No sea Vd. el que definen algunos medios de la Iglesia como “el cambio de la continuidad”, no cometa tal error. Aunque ellos califican de una cosa y de lo contrario con el mismo énfasis, por lo que, en cuestiones de opinión, mucho caso no hay que hacerles.
Deseo que su gobierno sea fresco, porque no estamos hablando de fe. Estamos hablando  de la organización de la iglesia. De cómo debe posicionarse en nuestra sociedad y como se encarna en ella. Dicen las crónicas que el aplauso a Rouco en su despedida duró 8 segundos, ojalá que Vd. lo supere con creces y será si no confunde amistad con obligación. Pero bueno, quien soy yo para darle consejos. Don Ricardo, aplíquese y al toro.

 

Blázquez, ¿una esperanza?