Cuando las cosas se tuercen

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Está claro que hay días en los que lo mejor es quedarse en cama. Que se lo digan si no a la pobre familia de Altamira que en medio de la madrugada tuvieron que ser desalojados de su casa al declararse un incendio en el taller que estaba ubicado en el bajo de su vivienda. Uno puede, fácilmente, imaginarse el miedo y la tensión que pasaron esas personas viendo cómo toda su vida podría irse al traste por culpa de las llamas. Y, sin embargo, eso no fue más que una de las desgracias que sufrieron ese día. La segunda se produjo cuando se estaban recuperando del susto, lejos de lo que era su casa y unos amigos de lo ajeno decidieron aprovechar la situación para llevarse los objetos de valor que tenían en su vivienda y que no habían sido pasto de las llamas. Es decir, que en la misma noche sufrieron un incendio y un robo. La verdad, como para coserse ajos machos en los bajos de los pantalones y no sacarlos en varios años.

Cuando las cosas se tuercen