Buero: la inmediatez lejana

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Si antes lo digo, salta la liebre. Advertía sobre el centenario de Antonio Buero Vallejo el próximo septiembre y el olvido sistemático que nuestro mundo educativo, cultural, poético y teatral baja como telones resabidillos y bambalinas hipócritas para no conmemorar al Shakespeare del siglo XX. Tengo en la mano al programa de fiestas María Pita 2016, organizado por el Ayuntamiento, repitiendo mil actividades de años anteriores. Parques de utopías, familias en la calle, Manicómicos, Noroeste Estrella Galicia, atenciones infantiles a los barrios, noches de María Pita, The Tall Ships Race, trofeo Teresa Herrera, traineras y romería de San Margarita. También conciertos de música sinfónica y banda municipal. ¿De teatro? Nada de nada. Ni siquiera un botón de muestra sentimental. También he echado un ojo al ciclo principal del Rosalía para el otoño y en ningún sitio figura una reposición de nuestro autor ecuménico, Nadie es profeta en su tierra. Pienso cómo lo celebrarían otras naciones civilizadas. Aquí queda como recuerdo doméstico para ilusiones.
El mundo del espectáculo es muy ingrato. Buscamos hoy es fiesta, milagros, fundaciones, en la ardiente oscuridad, madrugada, la tejedora de sueños, Las Meninas, un soñador para un pueblo, el tragaluz, el sueño de la razón, llegada de los dioses, Lázaro en el laberinto, Variados y carismáticos testimonios de un mundo singular, esperanzado y dramático, donde “El concierto de San Ovidio” suena y resuena como parábola para andar por casa y sorprendernos en zapatillas con las ventanas del alma abiertas de para en par.
Buero: la inmediatez lejana. Resuena como órgano celestial. Nos hace vivir la tragedia clásica intemporal y desde la dialéctica escénica–pese a los muchos detractores que lo combaten y pretenden borrarlo– nos remite un tesoro que nadie puede arrebatarnos: la perfección de que cada uno de nosotros puede mejorar el mundo.

Buero: la inmediatez lejana