CIEN PESETAS DE LIAÑO

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El Rey de España le debe –todavía– cien pesetas más los intereses al que fue alcalde de La Coruña y es a la sazón ilustre abogado, José Manuel Liaño Flores. Nos explicamos. Se celebraba en nuestra ciudad el Día de las Fuerzas Armadas. Presidía Juan Carlos I. Se celebraba, a la vez, el Día de la Banderita, a favor de la Cruz Roja. Dos señoritas implicadas en la cuestación pidieron un donativo al Rey. “No llevo dinero. Oye, alcalde, ¿me prestas algo?”, inquirió Su Majestad. “Desde luego, Señor: me debéis cien pesetas”. Y Liaño cedió el óbolo al Rey. Todavía se las debe.

Los Borbón españoles son archicastizos. Y don Juan Carlos no se queda atrás. Hagamos un poco de historia borbónica. Era rey Alfonso XII y, aconsejado por Sagasta y Cánovas, no permitió a su madre, Isabel II, volver a Madrid en el primer periodo de la Restauración. En una visita del Rey a París, Isabel le dijo “ad pedem litterae”: “Hijo, me has jodido y bien jodido”. Conocidísima es la siguiente anécdota absolutamente histórica. Cuando agonizaba Alfonso XII, su mujer, la Reina Cristina de Habsburgo, embarazada, se acercó con desconsuelo al lecho del agonizante y éste le dijo: “Cristinita, guárdate el coño y ya sabes: de Cánovas a Sagasta y de Sagasta a Cánovas”. Otro ejemplo: El general Silvestre había protagonizado un meritorio hecho de armas y Alfonso XIII le envió un telegrama: “Olé tus cojones”.

La siguiente anécdota la protagonizó don Juan de Borbón, padre de don Juan Carlos. Cuando una señora, un tanto cara dura, le dijo que admiraba su acento madrileño, sin matices anglosajones, don Juan la machacó con la siguiente frase: “Señora, yo nací en provincias (La Granja de San Ildefonso), pero hasta que ingresé en la Armada y me fui a San Fernando, viví siempre en Bailín, 1”. Una manera muy chula de referirse al Palacio Real de Madrid.

Nuestro actual Rey lleva también el casticismo en la sangre, cuando dice, por ejemplo: “en casa, nadie tiene derecho a decir que está ‘cansao’”. O cuando le dijo al energúmeno de Chávez: “¿Por qué no te callas?”.

CIEN PESETAS DE LIAÑO