Chucherías

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La tentación no viene de arriba, como en la célebre película de Billy Wilder. En el caso que nos ocupa, viene de al lado. Y una vez más vuelve a ponerse de relieve social y mediático en este tiempo de vacaciones cuando los hábitos domésticos se alteran de forma significativa.  

España es, como se sabe, uno de los países con una mayor tasa de sobrepeso y obesidad infantil de Europa.  Las cifras no dejan lugar a dudas: el 41 por ciento de los niños de entre 6 y 9 años presenta un índice de masa corporal por encima del patrón establecido en función de la estatura. Y de ellos, el 18 por ciento pasa al grado siguiente: a la obesidad.  

Se trata de unos registros que permiten hablar de un no despreciable problema de salud pública. Y es que el acceso de los pequeños a productos azucarados y de bollería industrial es muy fácil, tal como revela un estudio de la Universidad de Alcalá de Henares, publicado en la revista  Nutrients. 

Según algunas de sus conclusiones, un 95 por ciento de los 1.300 centros educativos de Madrid tiene, por decirlo de alguna manera, una tienda de chuches cerca:  a una distancia no superior a los 400 metros. Y la media de locales de tales características próximos a un centro escolar en un radio de 90 metros, es de diecisiete. 

De esta forma -dicen los responsables de la investigación- es muy difícil luchar contra el problema. Los resultados no dejan lugar a dudas: los niños españoles tienen a su alcance una desmesurada oferta de productos generalmente insanos. Y la tienen, además a la salida de las aulas de cada día.

Curiosa, o malévolamente, la presencia de tales tiendas no está distribuida de manera igualitaria. Según el estudio, la proporción de dichos establecimientos cercanos a un centro escolar se incrementa en las barriadas de menor nivel socioeconómico, de forma que éstas cuentan con hasta un 62 por ciento más de tales tiendas que los barrios de nivel medio, mientras que en las zonas de mayor estatus se localiza un 39 por ciento menos que en las consideradas como medias. Lo que evidenciaría el ya demostrado gradiente social de la obesidad.

La investigadora principal del estudio, profesora Julia Díez Escudero, entiende que la facilidad de la población infantil y adolescente para adquirir productos no saludables, sea comida rápida o los alimentos altamente procesados que se venden, por ejemplo, en los supermercados, es factor clave de su entorno alimentario.

Por todo ello, defiende ir más allá de la mera concienciación y aporta el ejemplo de Londres, donde los locales de comida rápida estarán obligados a cumplir unos estándares mínimos de calidad nutricional y no podrán abrir a menos de 400 metros de un colegio. Además, tendrán prohibida publicidad y márquetin de comida no saludable en toda la red del transporte público.

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