ANA LAMUÑO

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Expone en la Asociación de Artistas la artista asturiana, afincada en A Coruña, Ana Lamuño su obra reciente, cuya potencia e impacto visual hacen que se pueda calificar de expresionista, tanto si se trata de los modos del expresionismo abstracto como del expresionismo figurativo, pues en ambos casos sabe extraerle inusitadas cadencias e inéditas configuraciones a los elementos plásticos, a los que dota de extraordinaria fuerza expresiva.

Coadyuvan a esto no sólo los contrastes de color y la valentía de los trazos que remueven emociones dispares, sino el tratamiento matérico, con el que consigue dotar a los materiales más humildes de belleza, operando con ellos acertadas metamorfosis; de manera que unos espartos o unos trozos de harpillera pueden transformarse en lujosos adornos y en tocados principescos, un parche de tela sobre un ojo puede inducir un inquietante simbolismo de ceguera mental, un collage de algodón puede actuar como una sugerente veladura.

Ya en otras ocasiones hemos hablado de sus mundos opuestos y encontrados, caracterizados por las antítesis de las gamas cromáticas, por los gritos del rojo y por los silencios deslumbrantes del blanco o los abismales del negro, por el contrapunto entre los espacios que sugieren lo ilimitado, lo inmedible y los que inducen ideas de frontera. De esos espacios emergen signos que se escriben en carmín sobre la tinta de la noche o que se escriben en negro sobre las albas páginas de lo desconocido y manchas que se traducen en formas abiertas que ya pueden recordar islas flotantes o naves espaciales navegando en el océano de lo ignoto, o bien pueden recordar sombras que pasan a contraluz, o curvaturas de caminos, o reflejos huidizos.

La riqueza comunicadora de la obra de Ana Lamuño reside en su ambigüedad, en su capacidad de sugerencia, en la poética de lo inacabado, lo cual no se contradice con que cada cuadro está perfectamente resuelto y es un unidad en si mismo; pero allí, rastros y rostros portan tácitas alusiones, esconden secretos, trazan mapas de lo oculto en lo más hondo de la psique; de eso que nunca podrá decirse totalmente, porque no hay lenguaje idóneo para ello, de eso emocionante e innombrable que, de todos modos, aflora en la música y en las obras de los excelsos y delicados pintores de matices, de los que nos conmueven con una línea, con una aguada, con un papel desgarrado, como Ana Lamuño.

ANA LAMUÑO