Mitos y trampas

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Yes que bajo el título de “mitos sobre la investidura”, del catedrático de Derecho Constitucional Javier García Fernández, se encierra una dura crítica al PP que desmonta todo su argumentario de que “el partido que más escaños obtiene, gana las elecciones y, por eso, tiene un plus para formar gobierno, por ser el partido ganador…”.
Eso, dice don Javier, es una tontuna pues el partido más votado  no tiene derecho natural a gobernar. Y añade, como un sarcasmo, que el PP es un partido doblemente fracasado pues  púes ni ha tenido el número suficiente de diputados para gobernar en solitario ni ha sido capaz de convencer a otros partidos para que le apoyen. Y es que, queridos amigos, nadie quiere ir con el equipo de Rajoy (su alienación, su banquillo) ni a setas ni a rolex…
Menos en el PP –y miran para otro lado sus defensores desde la brunete mediática, pues ellos sí que saben– todo el mundo conoce la norma: el presidente de gobierno se elige mediante la previa investidura del Congreso, de modo que “la relación fiduciaria que se anuda entre el presidente y el Congreso, nace tras una votación que requiere mayoría absoluta, y de no obtenerse, mayoría simple…”
Por tanto es constitucionalmente legítimo quien haya alcanzado mayor número de votos en dicho acto de investidura es el ganador, no quien ha conseguido más votos en las urnas y no en la sesión que abre la legislatura.
El profesor García Fernández añade otro dato importante:” Rajoy no debería ser propuesto como candidato si el Rey no tiene la convicción de que cuenta con suficientes votos o abstenciones para lograr la elección, ya que el Congreso no debería escuchar el programa de gobierno de un candidato perdedor….”
Parece claro que el Rey no tiene la misión de buscar un candidato ni de arbitrar entre partido pues es –volvemos al catedrático de Derecho Constitucional–  pues “es el espejo que devuelve al Congreso la visión que tienen los grupos políticos sobre el candidato al que están dispuestos a votar”. 
Parece claro que, pese a todo el ruido que hace el PP desde sus aguerridos portavoces (por cierto mendigando ayuda a quienes fustigaron y maltrataron en toda la legislatura y, por ende, a los ciudadanos que representan)  la cosa está clara y puede resumirse así: con el candidato peor valorado y la política desarrollada,  el resultado no admite trampas.   

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