La ONU pone el dedo en la llaga

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el reciente Debate General del 72º periodo de sesiones de la Asamblea General de la ONU eligió el tema “Centrarse en los Pueblos. Luchar por la paz y por una vida digna para todos en un plantea sostenible” en la que su Secretario General, António Guterres, alertó de las siete maldiciones que se interponen en el camino de los pueblos. Asevera que somos una tierra en pedazos con una economía mundial más integrada pero desintegrándose el sentimiento de pertenencia a una comunidad global, con sociedades cada vez más fragmentadas, el discurso político polarizado y la confianza en el seno de cada país, y entre países, socavada por quienes demonizan y dividen.
Las siete amenazas son el peligro nuclear, el terrorismo, conflictos no resueltos y la violación sistemática del derecho internacional humanitario, el cambio climático, el aumento de la desigualdad, el lado oscuro de la innovación y la política de puertas cerradas a migrantes.
Ante este clarividente alegato, el discurso de Trump ante la Asamblea confirma la preocupación de Guterres. El presidente de la nación más poderosa declaró abiertamente su deseo de profundizar en un mundo fragmentado de Estados fuertes sin organizaciones multilaterales, obviando los desastres humanitarios a que condujo su ausencia hasta el fin de la II Guerra Mundial. A su vez, agita el avispero atómico con amenazas a Corea del Norte e Irán, cuando, como país poseedor de armas nucleares, tiene la responsabilidad de bajar el tono bélico para evitar una nueva Guerra Fría, o algo peor. Además, recordemos que retiró a Estados Unidos del Pacto por el cambio climático de París y pretende cerrar fronteras a la inmigración. 
Por otra parte, una nueva crisis de inmigración en el Mediterráneo pone a prueba la solidaridad europea. Es un ejemplo próximo, pero hay más en Asia, América o África.
Por último, reflexionemos con Guterres por qué ocho hombres poseen la misma riqueza que la mitad de la humanidad, con comunidades enteras lejos del progreso social y económico. Es el manido tema de la desigualdad que socava los cimientos de la sociedad y el pacto social, en palabras suyas, a la que no es ajeno el mundo desarrollado.
A menudo, los gobiernos pasan de puntillas o niegan directamente la existencia de estas amenazas que con tanta claridad expuso el Secretario General de la ONU. Solo queda esperar que solucionarlas esté en la agenda política de Estados y Organizaciones Internaciones.
 

La ONU pone el dedo en la llaga