Monólogo del atasco

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Los vecinos tratan de explicarse lo inexplicable. Ese túnel de María Pita, recién inaugurado, que se las prometía venturoso para rescatarnos de la esclavitud del tráfico y que ya se ha transformado en duro hueso de roer. Primero fue el atasco de un autobús –encajonado al techo y arrancándole parte del cableado– y dos días después un camionero ebrio que empotró el tráiler porque la señalización de la altura máxima no se había colocado. Un día sí y otro también nuestra corporación municipal olvida tan pequeñas minucias y se ocupa en debatir sus catastróficos resultados electorales. Los ciudadanos están hartos y desilusionados por las sonrisas y motos prometidas conforme demuestran los hechos y decisiones ocurridos y acordados los últimos doce meses.
Entrad o no, salir o no salir, quedarse atascado o alcanzar orilla liberadora. Si el bueno de Shakespeare lo tuviera a mano habría olvidado al dubitativo Hamlet para elegir este monólogo. ¿Qué es mejor para La Coruña: sufrir la incompetencia del Ayuntamiento actual y su política de despropósitos o haciéndoles frente dar una patada en el culo a tanto concejal inepto? Seguramente pende sobre nuestra ciudad una maldición que nos impide prosperar cual los malos espíritus se confabularon contra la catedral de Colonia o el diablo cojuelo hurtaba el bloque de granito necesario que daba fin al acueducto de Segovia.
Convendría preguntar a la casta diva de los druidas buscando un oráculo lleno de sentido común. Así quizás nos sería posible encontrar una “meiga” contrariada de la Comisión Hogueras de San Juan y la negativa de la Marea. O también la acritud de alguna casa regional vedadas a instalarse en Méndez Núñez contra ese malaje de Xulio Ferreiro, dichoso de impedir cualquier actividad lúdica. No a los toros, no a actos religiosos, no a licencias de obras, no a terrazas hosteleras, no a la asociaciones de vecinos…

Monólogo del atasco