Libertad y democracia

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La democracia es ese sistema político que nos permite elegir. Decidir por mayoría quien va regir nuestro sistema. ¿Cuál? El que tengamos implantado. República, monarquía o la “vaina” de Antonio, pero a través del voto. Y esa decisión de votar a quien reine es, en principio, libre. La libertad de elección es esa palabra que nos llena la boca pero que no sabemos muy bien lo que realmente significa. Como dijo alguien, la libertad no es tal si carecemos de información. Por ello, muchas veces, aunque pensemos que elegimos con libertad, existe una distorsión de la realidad que nos impide un correcto ejercicio democrático. La información, o no es veraz,  está manipulada o carecemos de datos para conformar una opinión. 
Recordamos aquellos tiempos en que solo teníamos dos canales de televisión y no existían las redes sociales. Todo funcionaba en papel o por el boca a boca. ¿Teníamos menos información? ¿Tenemos más ahora? No es posible aseverar ni lo uno ni lo otro.  Pero, sí existe algo intangible, que no vemos, no tocamos, pero que nuestros sentidos perciben, que nos lleva a tomar decisiones erróneas. Porque, ni la libertad, ni la democracia pueden ser sacrificadas en aras de “razones superiores de Estado”.
Lo ocurrido el sábado día 1 de octubre en la sede de Ferraz, solo puede predicarse de  asalta capillas. Por más que lo justifiquen y pretendan explicarlo, se ha plasmado lo que siempre sospechábamos: Que más allá de las ideologías y del interés general, lo que prima es la voluntad de los poderosos. Aquellos que rigen nuestros destinos y crean en nuestro subconsciente la voluntad de creer en lo contrario de lo que es. El ciudadano de a pie, está a su bola. A sus quehaceres, a su trabajo, a su familia. Cuando  llega el momento, en esa idea de participación en lo público, acude a la urna y deposita un voto. Sin embargo, hemos observado que ese voto tristemente se utiliza en su contra. Es lamentable que un partido con más de cien años de historia, pegue un salto al abismo, y destituya a quien han elegido sus militantes. Todo pactado. 
Y después de destituir al legítimo, se emplean frases confusas para intentar ocultar la auténtica información. Eso sí, olvidándose de los militantes, de la base que los sostiene. De aquellos pardillos que les cuelgan carteles, que van a los mítines y que en definitiva, les hacen ganar las elecciones. O, si no lo hacen, al menos les permiten conservar un estatus de implantación que impide que desaparezcan. 
Ahora dicen que están “podemizados”. ¿Acaso no dice la Constitución que la estructura interna de los partidos políticos habrá de ser democrática? ¿Y dónde está esa democracia si deciden por nosotros?
Va a ser que la culpa de los malos resultados electorales es de Pedro Sánchez. Ninguno de estos denominados “críticos” reconoce que un día sí y otro también se han dedicado en prensa y otros medios a poner palos en la rueda. A desprestigiar a sus compañeros, a las zancadillas y a las puñaladas traperas. Siempre viene bien una cabeza de turco. Estos no han llegado a aterrizar. A entender que hemos cambiado de siglo. Y, por lo tanto, más difícil confundir a los militantes y hacerles creer lo que se evidencia de otra manera. 
El PSOE nació un 2 de mayo de 1879 en Madrid de la mano del tipógrafo Pablo Iglesias. Tanto él como los compañeros que lo fundaron se declaraban marxistas, revolucionarios y antisistema. Este dogmatismo ortodoxo marxista del PSOE sería mantenido hasta 1979, cuando el dúo formado por F. González y A. Guerra decidió que después de estos 100 primeros años de vida del partido, debía anteponerse a la idea marxista la del ideario socialista. 
¿Qué significaba eso?. Aun no se sabe bien, pero si defendían la democracia, la libertad y la igualdad. Hoy están más vigentes que nunca. También la defensa de los derechos de los trabajadores. Son los valores esenciales que defendía el fundador, y si levantara la cabeza, los correría a gorrazos. 
 

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