La otra pata para el banco

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Últimamente ha arreciado la murga de la Marca España, se conoce que para contrarrestar los vientos secesionistas catalanes. El invento al frente del cual está un señor con cuarenta apellidos no deja de ser como aquellos de la España en blanco y negro que empezaba a tomar color. Es más, huele como aquello. A rancio. Porque por mucho que se empeñen en darle una pátina de modernidad, la Marca España se sigue sustentando sobre las tres mismas patas: el sol, los toros y el flamenco. Falta que salgan a escena Fragairibarne o Sánchez Bella, ministros que eran de Información y Turismo. Y el turista un millón novecientos noventa y nueve mil novecientos noventa y nueve.
Pero la ofensiva no sería tal si a esas tres patas no se le añade algo nuevo. Los muñidores del asunto se estrujan el cerebro ¿Qué podríamos meter en el saco? Veamos. La cultura en general. Obviamente. Especificando el arte, por supuesto. Al final no nos salimos del guión y siempre tenemos a los mismos artistas como referencia (y si han pintado escenas taurinas, mejor) Picasso, Goya, Picasso, Dalí. Picasso. Los paisajes, claro está, pero hay que esforzarse un poco más. ¡La ciencia! ¡Cómo no habíamos caído en ello!...Un momento, los científicos se están largando echando chiribitas a buscarse el caldo por el mundo adelante... No importa, se convertirán así en excelentes embajadores de la Marca España. Y gratis. Rojas Marcos, Cabanelas, Barbacid, Maimónides...
La moda, Por qué no. ¡Y el deporte! ¡Albricias! Nadal, la selección española...Nadal, la Roja...Nadal, la selección española, la selección española, Nadal... Una que ganó algo en judo... Mireia. Maverick. Gasoil y Cheewaka. Y Nadal y la selección española...
¿Qué más tenemos? La Marca España se está haciendo más fuerte. La lengua del imperio. Falta la puntilla. Que suenen los clarines (qué taurino), porque han dado en el clavo: ¡el aceite de oliva!. La dieta mediterránea. Están que no paran. El torito de los huevos. La mundial. Las tapas. Cocinillas deconstructores. Chicanos de Alcobendas. E Isabel (el espíritu impera). Sí, pero sol, toros y flamenco.
Pero aún falta lo mejor para añadir a este potaje. Los españoles han sido abducidos por él. Cuando se encuentran fuera de España sueñan con él, se desviven por él, su carencia les produce una congoja indescriptible. Lloran su ausencia. En su obsesión han llegado a personificarlo y lo adoran. En su defensa, desacreditan al que no le guste.
Se han convertido en una secta. Es la cuarta pata con la que se sustenta España y su marca. Es la gran pata. Haga la prueba: en un ágape de españoles pruebe a rechazarlo amablemente cuando se lo ofrezcan y pregunte si tienen mortadela... En el mejor de los casos le acusarán de lesa patria. En el peor, sentirá lo que sintió Rosemary al entrar en la habitación de aquel apartamento del edificio Dakota y vio una cuna negra.

La otra pata para el banco