Litografías de Bernardo Lopesino

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a Fundación CIEC de Betanzos ofrece la muestra “(no) VOID” de Bernardo Lopesino (Madrid, 1970), un artista con amplísima formación en diversos campos: arquitectura, ingeniería, humanidades..., que ha enfocado actualmente hacia el campo del grabado. Su exposición en el Centro de la Estampa de Betanzos es una clara muestra de síntesis de todos sus conocimientos; se trata de una serie de litografías, cuya temática son los viajes espaciales y los artilugios que los hacen posibles, pero no se trata de una visión puramente mecánica y mucho menos de una exaltación de los tales, sino que pretende llevar hacia una reflexión humanística de hacia dónde nos encaminamos y de cuál es el proyecto de futuro que realmente nos conviene; su título “ (no) VOID” -no vacío- alude a ello : hay algo o mucho de claustrofóbico en esas maquinarias complejísimas que él reproduce con precisión fotográfica y que hasta parecen transmitir la sensación de ingravidez y desde luego de espacio robótico no apto para humanos.
Aspecto robótico, por cierto, tienen los cuatro astronautas con sus escafandras de la obra Reference: caminan agrupados, con los rostros desaparecidos bajo los enormes cascos protectores y se percibe la ausencia de cualquier gesto de individualidad; evidentemente responden a un programa fijo, a una misión que los sobrepasa, de algún modo son también héroes como los del pasado. Para mostrar este lado heroico y, a la vez, humanizar tales empresas, Lopesino, en el grabado Thorlvandsen dibuja un astronauta que porta su casco en la mano y cuya cabeza puede ser perfectamente griega de la época clásica; hay en ello un claro mensaje de belleza, de canon ideal, de que es necesario de que lo que mira al futuro no se olvide del pasado, sobre todo del de las épocas doradas, de aquellas en que la historia humana alcanzó cumbres de perfección. El peligro de la deshumanización (o del vacío cósmico, si se quiere) aparece en las obra Dots/ Help, en la que representa un astronauta que al quitarse el casco ya no tiene cabeza, sino un hueco del que salen puntitos flotantes, como si su cabeza se hubiese desintegrado.
Lopesino nos avisa de que “la estética de la exploración espacial tiene algo de improvisado, de diseño no acabado. Una estética prosaica, no hay simetrías ,equilibrios, armonías, adornos ni elegancia. Sólo hay eficacia”. Su dibujo parece un caos de cientos de dispositivos que desde luego se alejan a años luz de lo artesanal, de lo artístico y, en suma, de cualquier goce estético. Frente a esta frialdad de máquina está la visión que de la tierra dio la foto enviada por el Voyager 1 desde 6.000 millones de kilómetros de distancia; ello hizo decir a Carl Sagan (recuerda Lopesinos) que la tierra es nuestra casa. La extraña épica del hombre asociado a una máquina que le permite viajes imposibles y de los desafíos que entraña es de lo que quieren hablar estos grabados.

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