Cantos de Sirena

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Cuenta la Odisea que Ulises, durante uno de los episodios más peligrosos de su interminable viaje, fue advertido por la diosa Circe de lo peligroso que podían ser los cantos de las Sirenas. 
El famoso héroe ordenó entonces tapar con cera los oídos de sus remeros y se hizo atar al mástil del navío en que viajaba. 
De esta manera, aunque el sí que oía el hechizo musical y pedía que lo liberasen para seguirlo, los marineros no solo no le hacían caso sino que apretaban todavía más sus ataduras, según las órdenes previamente recibidas. Como es sabido, gracias a esto Ulises fue el único ser humano que oyó el canto de las sirenas y sobrevivió.
Aunque se trata de un relato mitológico, los problemas de Ulises con las sirenas no son muy distintos a los que nos aquejan a la mayoría de los seres humanos. Últimamente, quizá porque las aguas andan algo revueltas, se han multiplicado en nuestra sociedad los “cantos de sirena”. No resulta fácil abstraerse de las músicas celestiales que proliferan, y menos a los más jóvenes. Tampoco sabemos hasta qué punto pueden resultar peligrosas y que hay detrás de ellas, aunque en algunos casos se puede  intuir que nada bueno.
En realidad, los cantos de sirena a los que me refiero no son muy novedosos, incluso podríamos decir que son tan antiguos como los que oía Ulises. Los mismos que han llevado a muchos seres humanos al naufragio, para ser devorados por esos seres monstruosos que son sus propias pasiones. 
No sé si la solución frente a estos peligros es atarse al mástil o taparse los oídos y seguir remando, sin hacer caso a tanta palabrería y tanto desatino. De lo que creo estar seguro es que las propias convicciones y el sentido de la oportunidad no están reñidos, si queremos salvar el barco habrá que resistir a las tormentas, más que saltar por la borda.
No me gusta ser catastrofista, y menos en épocas navideñas. Como en años anteriores hubiera preferido que esta columna, a estas alturas, estuviera dedicada precisamente a eso, a la Navidad. 
A su profundo significado espiritual y religioso, pero parece que no toca. Sobre todo estando, como estamos, sumidos en el torbellino de las tensiones políticas, que no en todos los casos han traído precisamente paz y concordia. 
Más bien al contrario, detrás de los mensajes aparentemente armoniosos y positivos de algunos, se puede adivinar los colmillos afilados de quienes nos quieren engañar con sus cánticos de sirena. 
La misma belleza de las sirenas era una trampa, que Ulises supo evitar no abandonando el barco. 
¡Ojalá que podamos celebrar el próximo año la Navidad en Paz y Libertad! También en prosperidad, como siempre se ha dicho, sin caer en la trampa de planteamientos inútiles o radicales.

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