EL MOTÍN

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Leo el titular e instintivamente llevo la mirada al calendario. No es 28 de diciembre. Y ahí está la noticia: Los presos de Quatre Camins se plantan porque falla el Canal+. Según los funcionarios del centro, los reclusos protagonizaron dos premotines al no poder ver el fútbol. Si es que hay provocaciones que no se pueden pasar por alto. Que no funcione el Plus o que se termine el arroz con leche es como para empezar a quemar colchones en el patio.
Normal que los angelitos se negasen a entrar al comedor en señal de protesta. Y que se atreviese alguien a mandarlos a la celda sin cenar, que denunciaban a los guardias por maltrato sin pensárselo dos veces. Que no se puede tolerar. Que tienen derechos. Un hombre, un partido de Liga. Que la competición no se puede dejar así como así. Sus colores son sagrados.
Menos mal que el Departamento de Justicia de la Generalitat se apresuró a aclarar, con disculpas y beso de pies, que todo se debía a un problema técnico y no a algún tipo de recorte. Esos los dejan para la sanidad, la educación y demás minucias. Cuestiones fundamentales como tener a los delincuentes entretenidos no pueden verse afectadas por la crisis. Ya dice la Administración catalana que ver deportes y películas de pago es beneficioso para la población penitenciaria. Por aquello de la agresividad. El atontamiento televisivo vía descodificador amansa a las fieras.
Parece que la realidad de la cárcel está más cerca de “Celda 211” que de “Cadena perpetua”. Hay más personajes oscuros que personas con esperanza de reinserción. Más amos del cotarro que arrepentidos. Es más fácil encontrar una navaja que un libro. Una jornada sin incidentes es un triunfo y si para ello hay que pasar de supervisor a sirviente, está hecho. El del Canal+ es un precio muy pequeño. Para algunos, literalmente. Y teniendo en cuenta que los servicios de las prisiones salen de lo que se recauda de nuestras sufridas carteras, igual los que tenemos que amotinarnos somos nosotros. Que la mayoría solo vemos la televisión de pago cuando la tienen encendida en el bar de abajo.
Y mientras mimamos a quienes deberíamos castigar, a un alumno de un instituto de Castellón le expulsan por denunciar que en el centro hace tanto frío que sus compañeros se tienen que envolver en mantas para resistir durante las clases.
Es momento de recuperar la cordura y volver a tener claras las prioridades. Ya estamos tardando en hacerlo.

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