FLORES AMARILLAS

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AGabo le gustaban las flores amarillas, el olor a tabaco, sus putas tristes y el Caribe, que como él decía, le recomponía el ser. Cuando leí La Hojarasca me sentí fascinado por el mundo que dibujaba con su pluma sublime, aquel pueblo suspendido en el tiempo, abandonado, enfermo por los prejuicios de sus gentes desesperanzadas, atenazadas por el miedo, me recordó tanto a nuestro Ferrol que ya siempre que he vuelto a Macondo no me ha sido difícil trasponer sus vicisitudes a las que podemos vivir cada dia en nuestra ciudad.
García Márquez me enseñó a valorar una buena lectura, así que le debo una gratitud infinita. El amor en los tiempos del cólera o Crónica de una muerte anunciada son relatos maravillosos, como el resto de su obra. Ahora empieza un tiempo de soledad sin su presencia, pero no serán cien años, durará sólo hasta que volvamos a releer alguna de sus insuperables novelas. Gracias Maestro.

 

FLORES AMARILLAS