ANGOLA

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Tengo que confesarles que entre mis obligaciones laborales y familiares, así como el tiempo que dedico en pensar la manera de meterme con la izquierda en mi artículo de cada sábado, apenas tengo tiempo para disfrutar de una sosegada lectura. Aunque a mi favor he de decir que siempre llevo un libro encima. Un buen amigo mío, posiblemente el mejor que haya tenido nunca, me recomendó la lectura de un libro titulado “Un día más con vida” del periodista polaco y premio Príncipe de Asturias, Ryszard Kapuschinski. El autor, afiliado al Partido Comunista Polaco y corresponsal de la agencia estatal PAP, nos describe en su libro los últimos meses del proceso descolonizador portugués de Angola en noviembre de 1975, el cual vivió en primera persona. Les recomiendo su lectura, no lo duden.

Son varias las imágenes que me quedaron grabadas en la retina. El “éxodo blanco” que vació de médicos, ingenieros, bomberos, basureros, policías, e incluso de perros, al país. La transformación de la “ciudad de hormigón” en una “ciudad de madera”, como consecuencia de las grandes cajas que se fabricaron para transportar las pertenencias de los portugueses por barco con destino a Lisboa o Brasil. La idea de la “confusao” en la que se vivieron esos meses con continuos rumores contradictorios, convirtiéndose en una auténtica guerra psicológica. La ausencia de una línea de frente determinada en la que cada pueblo del interior cambiaba de manos cada 15 días. La entrada de las fuerzas sudafricanas por el sur para apoyar al FNLA y a la UNITA y las de Zaire por el Norte. La resistencia del Presidente Neto, un poeta dedicado a la política, que contaba con el apoyo del MPLA y de tropas cubanas. Los uniformes del ejército regular cubano que eran prestados a los angoleños para aparentar la existencia de una fuerza más numerosa y temible. La falta de agua en Luanda, la capital, cada vez que la bomba del único embalse se rompía o era bombardeado, quedando únicamente un ingeniero en la capital que podía ser capaz de arreglarla. La terrible sed y el calor del mediodía que servía de tregua a las partes contendientes. La infancia perdida de niños-soldados mal entrenados y armados. Los télex enviados dese el Hotel Tívoli a la agencia en Polonia. En fin, vale la pena leerlo.

 

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