REPARACIONES EN NAVANTIA

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Las noticias no tienen porque ser siempre negativas. Cinco meses de trabajo para doscientas personas. Esto es lo que supondrá el contrato que Navantia acaba de ganar para la reparación de un gasero. Y no ha sido fácil la cosa. Dos años de intenso trabajo por parte de la División de Reparaciones de Navantia-Ferrol han sido necesarios, pero el premio bien ha merecido el esfuerzo. Está previsto que el navío llegue entre finales de marzo y principios de abril al astillero departamental. No será el único pues en pocas semanas llegará otro gasero que permanecerá dos meses y dará trabajo a otros doscientos cincuenta empleados. La comarca respira ahora un poco aliviada, recordando los meses pasados donde la falta de carga de trabajo llegó a suponer un verdadero quebradero de cabeza para todos. Sin embargo estos contratos vienen a cambiar la tendencia y mostrar un poco de esperanza. Frente a la sequía de contratos para la construcción de buques, la división de Reparaciones ha pasado a ocupar el foco del negocio de la factoría ferrolana, llegando a convertirse en líder indiscutible del mercado gasista en el Atlántico y tercero a nivel mundial. No hay que olvidar que en este último contrato que acaban de ganar se tuvieron que enfrentar a los mejores astilleros de todo el mundo. Pese a la elevada especialización que tiene Navantia en Ferrol en el sector gasista, los astilleros efectúan reparaciones a todo tipo de barcos. En un negocio en el que el retraso de un día de navegación acarrea grandes pérdidas, el cumplimiento de los plazos es una de las principales virtudes que esgrime el departamento para explicar su posicionamiento en la vanguardia del sector. Y esto puede resultar fundamental para lograr nuevos contratos. Las buenas cifras logradas el año pasado muestran que es más necesario que nunca replantearse el modelo de negocio de Navantia-Ferrol. Las reparaciones ganan cada vez más importancia y dejan un mayor margen de beneficio que la construcción de buques militares por ejemplo. Con este panorama vuelve a ponerse una vez más sobre la mesa la necesidad o no de la construcción del dique flotante. Por ahora parece que al astillero ferrolano no le ha ido tan mal sin esta infraestructura, pero no podemos dejar que los buenos resultados de hoy nos impidan mirar hacia el futuro. Que el pan de hoy no se convierta en hambre mañana.

 

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