Sosiéguese, señor Iglesias

|

Hay centenares de testimonios de Pablo Iglesias defendiendo una “democracia” a la bolivariana -también a los sátrapas que gobiernan Venezuela o Irán-, la nacionalización de las empresas, el control total de los medios de comunicación, la abolición de la propiedad privada y atacando a la casta, la corrupción galopante o las puertas giratorias. Honestidad, verdad y transparencia por encima de todo.

En poco más de cien días como vicepresidente segundo de un Gobierno constitucional -después de obtener los peores resultados electorales de la historia de Podemos- ha tenido tiempo, en compañía de su grupo de ministros, para denostar la Constitución, denigrar la Monarquía como forma de gobierno, rechazar las decisiones de la justicia y presionar a los jueces, atacar a los empresarios y a la iniciativa privada, denunciar a la prensa que no está bajo control del Gobierno, incumplir las normas de la cuarentena, descalificar el turismo que supone la primera industria española, atacar al sector del automóvil, que es la segunda, acusar de esclavismo a los empresarios del campo, condenar los escraches contra miembros del Gobierno después de haberlos promovido en la oposición, insultar y descalificar a diputados de otros partidos, designar cargos públicos saltándose las normas y usar las puertas giratorias para colocar a un representante de su grupo en Enagás con el modesto salario de 160.000 euros.

Ahora, “avisa” a la presidenta de la Comunidad de Madrid de que puede llevarla a los tribunales por su gestión de las residencias de ancianos, sobre las que él ostentaba la responsabilidad política a nivel nacional durante el estado de alarma. ¿Es una amenaza? El mismo vicepresidente de un Gobierno que ha tratado por todos los medios de evitar que se sustancie ante la Justicia la posible responsabilidad del Ejecutivo en el inicio de la pandemia, que no ha visitado ninguna residencia durante la misma, que no ha hablado con ningún responsable del sector -ni público ni privado-, que ha demonizado a todo el sector privado al que pretende expropiar, que es incapaz de dar cifras reales de fallecidos, que moviliza a la Fiscalía y a la Abogacía del Estado... Califica de “crimen” lo sucedido en la Comunidad de Madrid, al tiempo que olvida que hay otras autonomías con tasas más altas de fallecidos. No están gobernadas por el PP, pero eso es accesorio, seguro.

El populismo, que Pablo Iglesias representa en estado puro, trabaja siempre para una parte de los ciudadanos y en contra de todos los demás. Este populismo pretende eliminar las instituciones democráticas y especialmente la separación de poderes, que es la clave del Estado de Derecho. Si, además, tiene raíces comunistas, lo que busca es todo el poder para el pueblo pero sin el pueblo. Lo que me preocupa es que, además, Nadia Calviño acabe dejando el Gobierno para irse a presidir el Eurogrupo y la facción Iglesias encuentre menos obstáculos. Como decía Adam Michnik, “lo peor del comunismo es lo que viene después”. Sosiéguese, señor Iglesias. A usted le interesa el “cuanto peor, mejor” porque ahí encuentra territorio para sus votos menguantes. Pero es mentira. “Cuanto peor, peor”. Siempre y para todos. Lo de la renta mínima es un acierto, especialmente si es temporal, porque lo que urge es crear empleos dignos. Y eso lo tienen que hacer las empresas, con un Gobierno que proponga leyes y medidas que lo faciliten, no que lo impidan. Aplíquese lo que dice el cardenal Osoro: “un país no se construye en el desencuentro, el desencuentro lleva siempre a la ruina”.

Sosiéguese, señor Iglesias