CRÓNICA DESDE MADRID

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Lo sabía: mi rodeo al Parlamento ha sido un éxito de crítica y público (había cinco: los tres pagaos y dos sorprendidos espontáneos).
Llegué, tomé impulso, y salí cagando leches alrededor del Parlamento. A los 200 metros se me salía el bofe, y aunque un segureta me animaba tuve que sentarme entre leones por miedo a cascar.
Un espontáneo (pastor de cabras que estaba de paso), se apiadó de mí, me ofreció una bota de vino y dijo: beba. Cuando pude hablar tuve que rechazarla diciendo: —Si le doy un cate a la bota, voy a echar la pota y podrían acusarme de desprecio al Parlamento; pero si tiene un poco de queso y algo de leche se lo agradecería. El nacho me dijo: —Queso no, pero sí pan y unos chorizos de Toledo cojonudos; coma, coma.
Allí, en la tierra de los chorizos más ruines, los de Toledo me supieron a gloria. Le dije: gracias neno, y sí, tiré de bota. Lo dicho: Un éxito. Mañana repetiré.

 

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