DIMISIÓN COMPRENSIBLE

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Al ya dimitido Valedor do Pobo, Benigno López, oposición y buena parte de la opinión publicada le colgaron el sambenito de haber dicho lo que en realidad no había dicho en la comparecencia parlamentaria en que presentó el informe de la institución correspondiente al año pasado. Y ya se sabe cómo son estas cosas: que echada a rodar, no hay quien pare la bola de nieve, sobre todo cuando los medios se suman con cierta alegría a la gresca de los políticos y cuando quien está llamado a defenderte parece poner en ello menos empeño del debido.

Al final, el extinto Valedor terminó por presentar su renuncia al puesto, para volver a las más tranquilas y más profesionales aguas del mundo judicial de donde procedía. Pero así como en sus diagnósticos sobre la ley de dependencia y sobre la excepcionalidad de los recortes en servicios sociales estuvo acertado, en su dimisión puede no haberlo estado tanto.

Absurdo, pero cierto: de no modificar la ley, habrá nuevo Valedor cuando PSOE y BNG quieran y será quien ellos quieran.

 

Y ello fundamentalmente por una cosa: porque ha venido a dar de facto la razón y a envalentonar todavía más a unas fuerzas políticas que tergiversaron manifiestamente sus palabras y que lo acosaron injusta y desproporcionadamente. Benigno López ha sentado así, sin quererlo, un peligroso precedente: que el acoso político es eficaz por muy injustificado que esté.

Me imagino, pues, que de cara a posteriores ocasiones socialistas y nacionalistas habrán tomado buena nota del exitoso resultado. Con todo, hay quien dice que el dimisionario pudo haber resistido hasta finales de julio en que expira su mandato, máxime cuando, despachado el informe de 2011, poco más de cierta relevancia le faltaba por hacer.

No obstante todo ello, desde un punto de vista personal es comprensible la dimisión. Seguir sometido sin necesidad al caprichoso pim-pam-pum de los intereses políticos y a la correspondiente exposición mediática puede resultar una práctica de masoquismo inexigible a quien llega a la política o a sus aledaños no tanto por vocación o por necesidad económica como por el deseo de prestar durante un servicio a la vida pública. Episodios como el presente lo que consiguen también es desincentivar el acercamiento y la presencia en el mundo de la política de profesionales inicialmente ajenos a la misma, pero que vendrían de alguna manera a oxigenarla.

Se abre así en la institución un periodo de interinidad que se vaticina largo. El nuevo Valedor deberá ser designado con el voto favorable de las tres quintas partes del Parlamento, mayoría cualificada y sin alternativa posible en la que tanto PSOE como BNG tienen capacidad de bloqueo. O sea, que habrá nuevo Valedor cuando estos quieran. Y será Valedor quien de ellos tenga el visto bueno. Absurdo, pero cierto. Salvo, claro, que quien puede hacerlo aproveche la ocasión para modificar la ley correspondiente. Como se ha hecho con RTVE.

DIMISIÓN COMPRENSIBLE