UN BIÓLOGO ANARQUISTA

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Mi excéntrico amigo Petapouco me lo había presentado. “Es un rebelde –enfatizó– sin causa”. Suelo ser precavido respecto a las definiciones acuñadas por mi camarada estrambótico e introvertido. Que aparece y desaparece como el Guadiana. Pero aquella presentación me impactó. Ojos grises, escrutadores, firmes. Belleza varonil. Elocuencia persuasiva y gravedad lírica. Posiblemente también cierto porte científico haciendo comprensibles conceptos abstractos y teóricos. La cita tuvo lugar en la facultad de Biología, laboratorio de Genética, de la universidad coruñesa. Vestido con doctoral bata blanca mientras consultaba apuntes, recipientes, ordenadores, notas y microscopios.

“Todavía es pronto –dijo– para informar sobre las investigaciones que tengo ya muy adelantadas. Lo autorizaré cuando lo crea oportuno. He encontrado células mutantes para manumitirnos de la esclavitud del dinero. En mis estudios se explica el orden genético alterado en orden a devorar los billetes de curso legal. Lo experimenté en varios cajeros automáticos metiendo estas mutaciones que han deglutido el papel moneda sin que la policía encuentre explicación. Ahora ataco a diferentes entidades financieras y los resultados son esperanzadores respecto a las fábricas nacionales de moneda y timbre, dejando sin tesoro público a los países. ¡La felicidad soñada! ¡El dinero muerto!”.

No volví a verlo. Inquirí a Petapouco, pero no supo darme explicación. Pero yo no olvido a este biólogo anarquista. Me sacuden fantasmas estremecedores para los tiempos que sufrimos: Luzbel rebelándose contra Dios, los titanes enfrentados al Olimpo, el paraíso perdido, Agamenón robando el fuego para los mortales, las rebeliones de esclavos constructores y de los gladiadores… ¿No subsiste la aspiración del hombre –fuera ataduras morales y políticas– por alcanzar su libertad absoluta?

UN BIÓLOGO ANARQUISTA