Tirolinas ferrolanas para Santa Comba

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Ya se sabe que nunca llueve a gusto de todos. Cuando se ansía, porque no lo hace. Cuando llega, porque lo hace en exceso. Y, para ejemplo, el tan traído acceso a la ermita de Santa Comba, en Covas, que por lo que se ve, se ha convertido en diana de acérrimas descalificaciones, la inmensa mayoría sin más argumento que el de calificarla de atentado, horror o esperpento y vayan a saber qué otros adjetivos están por venir. Incluso no falta quien, en un claro ejercicio de sentido común, propone un paso elevado, por no decir del que cree que también la madera quedaría mejor.
Es mejor, a estas alturas de este Ferrol al que ya no muchos reconocen, darse por vencidos. Si avanzamos, porque lo hacemos mal. Si no lo hacemos, pues por eso, porque no lo hacemos. El descontento es como el “soma” de Un mundo Feliz (Aldous Huxley). No tiene sabor y, de paso, idiotiza. Y disculpen la palabra aquellos que se sientan ofendidos.
Y es que, claro, los críticos parecen desconocer que la ermita se levanta sobre un peñasco azotado más que de forma habitual por tempestades, sujeto a fuertes mareas y vientos en los que no estaría de más ver cómo una pasarela elevada supera su empuje, por no decir de lo azotados que se sentirían los valientes que se arriesgasen a atravesarla en semejantes condiciones. Vistas así las cosas, tal vez lo mejor sería, ya puestos a discurrir, aprovechar el emplazamiento, tras denostar la utilización del hormigón de forma tan gratuita, poner una tirolina para, de uno en uno, con una canastilla en la que quepan unos cuantos, atravesar la distancia y, de paso, disfrutar del paisaje. 
Perdemos el tiempo. Y lo que es peor, el norte, en ideas peregrinas que no conducen a nada y que solo persiguen denostar no lo hecho, sino al autor o responsable. Aun cuando se sepa que la obra en sí está aprobada por la Dirección Xeral de Patrimonio o que, como todo buen vecino del mar, no sepamos que este, en menos de un año, acabará por cubrir el tan criticado hormigón por la característica flora marina o que si la pasarela no dispone de lienzo para evitar la caída de algún niño al que algún padre muy responsable no lleve de su mano cuando se trata de conducirlo por una construcción de estas características será más bien para evitar que el fuerte oleaje, el viento y las mareas acaban por arrancarla. Lo dicho, perdemos el tiempo, aun cuando el sentido común nos dicte que, con más o menos gusto, lo que se ha hecho está bien hecho y que, además, es lo práctico. Eso sí, a no ser que tanto opinador como ronda por estos mares considere que lo idóneo sea una desmontable, de quita y pon con marea baja y buen tiempo.

Tirolinas ferrolanas para Santa Comba